Myrkur – Myrkur (2014)

por Xabier Cortés

MyrkurRetorcer los límites de una obra — o de todo un género— para alcanzar no ya la Belleza como tal sino lo Sublime: la representación final de la Belleza total. El black metal no escapa a esta eterna búsqueda y es sólo cuando los límites de éste se exprimen al máximo cuando logramos alcanzar esa meta final: situarnos sobre la cima de una montaña y observar el mar de nubes a nuestros pies. Evidentemente esta culminación en Lo Sublime no se puede dar cuando el artista responsable de la obra se obsesiona con imitar principios obsoletos y prototípicos del género por mucho que lo cubra de una autenticidad impostada y que notaremos flaquear en cuanto nos alejemos de los siempre innecesarios y molestos fuegos artificiales con los que se rodean esos discursos vacíos. Afortunadamente para nosotros, la que a veces resulta irritante hasta el tedio escena black metalera nos obsequia con una obra total de black metal en el que se dan citas las herramientas tradicionales del género y las nuevas sensibilidades etéreas para completar una obra honesta y profunda: Myrkur.

En ese afán obsesivo y meticuloso por encontrar algo más allá en el sonido con el que todo músico que quiera sentirse como tal carga su trabajo se encuentra Myrkur. Myrkur ha resultado ser el moniker tras el que se esconde la cantante y compositora danesa, Amalie Bruun —del dúo pop neoyorquino Ex Cops, apunten este detalle los defensores del trveblackmetalgñé para utilizarlo como munición en sus eternos rants levantando el puñito con rabia— y que reúne en este EP corrientes musicales diferentes con las que acaba construyendo un discurso sensato y complejo con el firme propósito de aportar más instrumentos y herramientas a la escena black metal europea. Myrkur es capaz de unir un violento desfile de blastbeats antiaéreos con ese timbre característico francés de las guitarras agudas unido todo ello a la fuerza etérea de un trabajo vocal etéreo y fantasmagórico con algún que otro guiño aquí y allá a las voces desgarradas —como sucede en Må Du Brænde i Helvede— en forma de interrupción grotesca de toda esa irrealidad elevada que es capaz de articular su voz. De alguna forma Myrkur consigue establecer unos límites claros entre las dos corrientes que se encuentran enfrentadas en este álbum: todo el peso metálico lo soporta el telón musical que acompaña a sus desarrollos vocales etéreos y le sirve de apoyo para conseguir entonar un claro y, desde luego, profundo discurso á la black metal de mediados de los noventa pero saliéndose del redil y eliminando, de paso, buena parte de la roña que amenazaba con terminar de destrozar el black metal.

Encontramos en Myrkur unas composiciones sinceras y honestas, una visión y un conocimiento profundo de un movimiento que últimamente nos está regalando auténticos momentos para la memoria tras varios desvaríos prescindibles e impostados que poco favor le hacen a una escena que siempre ha tenido en lo auténtico, lo trve, el corpsepaint de zoológico chino rodeado de bambú y demás artificios innecesarios, uno de sus pasatiempos favoritos olvidando y dejando de lado trabajos honestos como este Myrkur al que hoy le dedicamos estas líneas en esta santa casa.

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