Electric Citizen – Sateen (2014)

por Xabier Cortés

electric-citizen-sateenNo debería sorprendernos, en este 2014 en el que estamos, encontrarnos con un número importante de proyectos musicales que muestran un especial interés hacia los archivos de la música popular y que además encuentran su esencia en la acción de bucear entre las corrientes que vieron su génesis y apogeo entre los años sesenta y setenta del siglo pasado, como es el caso que nos ocupa hoy y que se centra en el psych, el occult y rock pesado y cavernoso. Esta labor, la archivística, no sólo busca recuperar el particular sonido de una corriente; busca también traer a nuestro siglo XXI guiños, actitudes y costumbres propias de aquellos años: retrotraernos con la música de hilo conductor hasta aquella época de ocultismo brumoso, guitarras crudas con el fuzz por las nubes, bases rítmicas trotonas y voces con una personalidad férrea. Entre toda la plantilla de bandas que se han formado alrededor de este movimiento de resurrección destaca Electric Citizen con Sateen, un disco con el firme propósito de trasladarnos a una comuna en la que se desdoblan misteriosos y turbios rituales mágicos oscurantistas de dudosa legalidad, salubridad escasa y resultado incierto.

Aún estando convencidos de que esta suerte de retro rock sea el camino a seguir, por lo menos para aquellos que se lo tomen en serio, no resulta complicado caer en los esquemas simplones y vacíos —creo que no hará falta traer a la palestra los vergonzosos episodios que nos ha regalado Wolfmother y bandas afines en sonido y calado mediático— y convertir un disco en una insulsa colección de canciones con sonido —que no espíritu— de aquellas décadas. Electric Citizen escapan con soltura y estilo de toda esa marabunta de revival oportunista y esperpéntico para desarrollar en Sateen unas composiciones repletas de giros y circunstancias que no hacen sino fortalecer el carácter retro del conjunto. Canciones que se sostienen no sólo con la intensa y contundente labor de Ross Dolan a la guitarra; la voz de Laura es la que se hace en realidad con el mando de Electric Citizen y el elemento diferenciador que desde que los primeros acordes de Beggar’s Dream —canción que abre el disco y que resume de forma perfecta, junto con Magnetic Man, la idiosincrasia de este cuarteto de Ohio— hace de Electric Citizen un proyecto especial. Sin complejos suenan las composiciones, que alcanzan los cuarenta minutos de duración, con no pocos guiños y referencias al folk sesentero en forma de flautas y las pinceladas de las guitarras acústicas aquí y allá —guitarras acústicas que se hacen fuertes en la magnífica Shallow Water que junto con el personalísimo sonido del Hammond es capaz de situarnos de un golpe en mitad de un aquejare furtivo y nocturno en mitad de un desierto en donde las sustancias psicotrópicas flotan en el ambiente con la misma sutileza que una división de Panzers en la galería de los espejos del palacio de Versalles.

Resulta fascinante encontrarnos con grupos como Electric Citizen que junto con bandas que parece inevitable nombrar cuando hablamos de este movimiento revivalista como Purson, Kadavar o Uncle Acid And The Deadbeats cuentan con el firme propósito de hacer llegar a oídos de este siglo XXI de memoria laxa y criterio obtuso, los sonidos y particularidades de aquellos años que ahora nos parecen algo menos lejanos gracias a la tarea de estos inquietos músicos.

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