Flying Lotus – You’re Dead! (2014)

por Álvaro Mortem

Cover - Enjoy!Si existe una constante en la vida de toda persona, algo común a la humanidad entera, esa es la muerte. En tanto seres para la muerte el arte tiene la obligación de plasmar nuestra angustia, nuestra necesidad de explorar los rincones secretos del terror existencial; no existe nadie el mundo que no tema a la muerte, incluso aquellos que la abrazan para sí como método para escapar de una existencia insoportable. Ante su llegada todos somos hermanos, todos somos capaces de entender al otro, en tanto el juicio se anula para abrazar el sentimentalismo como único modo capaz de afrontar la situación. La muerte se siente, no se piensa. Abrazar su imposibilidad, nuestra incapacidad para concebir la posibilidad de la no-existencia, es una de las más ingratas tareas del arte.

Aunque siempre ha abordado de forma sistemática la electrónica más apegada a las formas del hip-hop, aproximarse al último trabajo de Flying Lotus requiere entrar con la mente bien abierta para no caer en el prejuicio más vacío y abyecto. No sólo por el arte de Shintaro Kago, abordando su habitual ero-guro, sino por el brusco cambio musical que supone dentro de su carrera: más cerca del jazz fusion que de la electrónica experimental o el hip-hop, You’re Dead! se escucha como una jam session del siglo XXI: desquiciada, pop —en el sentido cultural, no musical—, grandilocuente. Sus primeras cuatro canciones se nos presentan como un prólogo de separaciones artificiales, cuando no caprichosas, para desbocar en el principio del disco: ese Never Catch Me al cual presta su voz Kendrick Lamar, el actual niño bonito del rap; esa es la constante del disco, una explosión sonora descontrolada que necesita muchas más escuchas de la que nuestro déficit de atención nos permitirá. Es un disco de lento madurar, que requiere ser escuchado en profundidad.

Recordar que Flying Lotus es sobrino nieto de Alice Coltrane nos dará la medida de la pretensión de You’re Dead!, el auténtico porqué de su giro fundacional: tiene el jazz fusion en las venas, lo único que ha hecho es actualizarlo. Partiendo de las bases de sus anteriores trabajos, como si éstos fueran apenas sí un entrenamiento para el auténtico combate, reformula el género hasta convertirlo en un irreductible agujero negro de esquizofrenia sonora. Encontramos también influencias de otros géneros —desde el dubstep hasta el soul, aunque lo más sorpresivo sean sus destellos IDM à la Aphex Twin— pero su premisa es reinventar el sonido del jazz que su propia familia, de algún modo, supo asentar. He ahí su obsesión con la muerte. Confronta la mortalidad de un género, de la música, de sí mismo y de su familia, rejuveneciendo aquello que parecía ya sólo propio de generaciones pasadas; o como dice Kendrick Lamar, Say you will never ever catch me, no, no, no.

¿Qué es la muerte? Lo inaprensible, lo desconocido, el punto cero de la existencia; aquel capaz de reinventarse, de hacer algo noble y profundo para la humanidad, nunca morirá. Tú estás muerto, porque te has conformado con cualquier cosa; Flying Lotus nunca será capturado por la muerte, porque él ha sabido reinventar aquello que parecía ya dado sólo para la muerte.

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