Godflesh – A World Lit Only By Fire (2014)

por Xabier Cortés

GodfleshUtilizar el fuego como elemento purificador, como solución final, y que ésta no sea solamente una destrucción metódica y sistemática de todos los estratos de la enferma sociedad actual; convertir esa destrucción en el germen de algo nuevo —y purificado—, un algo, un ente nuevo, al que se le han extirpado todos aquellos elementos que corrompían su ser. Entender esta destrucción como la única vía posible sin tener (casi) pistas de lo que surgirá tras ver el mundo consumido por las llamas, aunque una cosa sí debemos tener clara: el ser humano no interpretará papel alguno en ese nuevo futuro más allá de ser un vago recuerdo en la memoria colectiva y, si acaso, servir de abono para esa necesaria regeneración. Denunciar el estancamiento y vertiginoso descenso a los infiernos que está experimentando la sociedad occidental ha sido, es y será una de los frentes por los que ha peleado la música industrial desde sus comienzos y, por supuesto, la vertiente metálica del movimiento no escapa a ello: también se muestra dispuesta a servir de instrumento para la completa destrucción del ser humano. Godflesh se convierte aquí, gracias a A World Lit Only By Fire, en la vanguardia de una horda de devastación de la que no quedarán más que las cenizas.

Lo que en 2002 parecía el fin de Godflesh todavía con el Hymns, editado un año antes, reverberando poderío industrial y Broadrick anunciando la disolución del proyecto británico para desarrollar su faceta más experimental en Jesu y en el desenfreno violento en un sinfín de proyectos más, se ha convertido en este 2014 en un regreso anunciado y esperado por todos aquellos que veníamos defendiendo que el metal industrial tenía mucho más que ofrecer que los cuatro grupitos que osado llevar el metal industrial desde los oscuros abismos de lo extremo al dulce y traicionero coto de lo mainstream, dejando de lado su poder violento en pos de adornarlo con espectaculares —pero vacíos— fuegos artificiales. Los de Birmingham han decidido para este A World Lit Only By Fire recuperar la crudeza e intensidad de los primeros trabajos: Godflesh en 2014 suena contundente, y sólido; sucio y peligroso como en 1988. Las guitarras monolíticas se erigen aquí en protagonistas, por encima incluso de la voz de Broadrick, mientras se acompañan con la férrea marcialidad de unas percusiones que nos retrotraerán al sonido del Nova Akropola de Laibach —como sucede en Shut Me Down, por ejemplo— y que refuerzan más si cabe el carácter industrial del álbum hasta alcanzar cotas cercanas al Streetcleaner. No hay nada al azar en este regreso de Godflesh, no hay nada al azar porque incluso en la más absoluta de las destrucciones existe un método, existe un proceso meticuloso y cuidado que nos asegure que, efectivamente, esta destrucción sea total.

Es complicado encontrar regresos tan certeros y contundentes como este de Godflesh; un regreso que signifique no sólo la vuelta a la actividad de un proyecto histórico, sino que se haya prometido a sí mismo servir de ejemplo de cómo, en pleno 2014, se puede continuar haciendo, metal industrial sin la imperiosa necesidad de adornarlo con espectaculares filigranas extramusicales. Godflesh ha vuelto y sólo dejan cenizas tras su paso, como tiene que ser.

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