Karna – Diabolic: Soundtrack For My Nightmares (2004)

por Xabier Cortés

KarnaNo es ningún misterio que muchas de las figuras del dark ambient se nutren del vasto e infinito universo de las pesadillas para crear sus composiciones. Se adentran en los misterios que esconden la siempre perturbadora mente humana a través de los sueños turbulentos y los miedos más profundos para plasmarlos en forma de sonidos y melodías. También es cierto que desde fuera del dark ambient se abusa del concepto «pesadilla» y se etiqueta a la ligera, sin ningún tipo de criterio, cualquier ejercicio musical surgido de esta escena reduciendo así todo un movimiento musical a un número finito de clichés que no sólo no son representativos, además lo reducen a la superficie sin entrar a valorar componente más profundos. Reflejar de forma sonora el intrincado y peligroso mundo de los sueños turbulentos y despiadados no es algo que deba tomarse a la ligera: el miedo es algo inherente al ser humano y las pesadillas, como representante onírico de estos miedos, son una de sus expresiones más crudas puesto que éstas son capaces de saltarse los muchos mecanismos de defensa de los que dispone nuestra mente y aparecer en un momento en el que nuestro cuerpo y nuestra mente no puede defenderse. Karna, desde Rusia, es capaz de trasladar esa intranquilidad, ese descontrol y ese pánico a Diabolic: Soundtrack For My Nightmares.

Una de las características que convierten a este Diabolic en una extraordinaria muestra de ese dark ambient cuyo discurso se mueve entre el terror y el pánico, es su capacidad para evocar de una forma precisa e incisiva a la colección de pensamientos a velocidades absurdas que se nos pasan por la cabeza cuando, sobresaltados, despertamos en mitad de la noche empapados en un sudor frío que no alcanzamos a comprender. No sólo rodea a sus composiciones con un perturbador e infinito drone, también juega con sonidos naturales y perfectamente reconocibles —y que resultan aterradores, dicho sea de paso— disparándolos sin avisar, reforzando la idea de descontrol que nos inunda en una pesadilla: sucede en nuestra mente, es nuestra y solamente nuestra, pero somos incapaces de detener los acontecimientos que en ella se están desarrollando. La forma en la que Karna retuerce el sonido y lo moldea para adecuarlo a su discurso directo y la forma en la que estos sonidos —con algunos guiños á la John Carpenter y al Giallo— van apareciendo y desapareciendo sin que nosotros seamos capaces de adivinar el patrón que sigue consigue que el objetivo de este álbum se vea cumplido a los pocos minutos de que The Entering —la larga primera canción, dividida a su vez en dos partes, que abre este disco— comience a castigarnos con sus oscuras dentelladas y sus helados paisajes nocturnos.

Diabolic: Soundtrack For My Nightmares concluye de forma brusca como si de una pesadilla se tratara. Nos incorporamos confundidos y desorientados, poco a poco empezamos a ser conscientes de lo que nos ha sucedido a lo largo de los poco más de cuarenta minutos que hemos estado sumergidos en la pesadilla de Karna. Las imágenes se van aclarando a medida que vamos recuperando las funciones de nuestro cuerpo: hemos entrado en el universo oscuro que ha preparado Karna, hemos viajado por él hasta sus últimas consecuencias y al final la muerte nos ha sobrevenido mientras, desesperados, intentábamos encontrar una salida a este mal sueño.

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