Los WebeloSS – Contra el Homo Sapiens (2000)

por Álvaro Mortem

Los WebeloSS - Contra el Homo Sapiens (2000)En ocasiones es necesario parecer un descerebrado. Del mismo modo que para tocar realmente mal antes hay que saber tocar bien —porque de no saber tocar bien un instrumento no es que se toque mal, es que no se sabe tocar—, para parecer fatuo y descerebrado para la mayor parte de la opinión pública es necesario realizar un esfuerzo de intelectualización de la estupidez. El estúpido se granjea con facilidad simpatías, apelando al sentimentalismo de los de su clase, pero la apariencia estúpida en su forma más pura consigue enemistar incluso a los genuinos estúpidos contra sí mismo. La mejor manera de detectar la imbecilidad ajena es ponerla en contraposición a una aparente estupidez perfectamente estudiada.

Punk 77. Bajo esa premisa podemos saber de entrada de lo que hablamos: Sex Pistols, The Damned, The Clash. Los nombres nos son de sobra conocidos. Entonces se comprendía el punk como un gesto irónico y llevar una esvástica tenía la misma significación política que llevar un símbolo anarquista; el punk post-77 lo jodió todo: gilipollas con cresta pegan berridos en contra de la sociedad aclamándose a sí mismos como antifascistas, como héroes de la sociedad. Entonces murió el punk. Murió como etiqueta, pero vivió en los ecos que produjeron en discos como Los WebeloSS Contra el Homo Sapiens que, a través de un ejercicio punk desacomplejado, nos muestra todo aquello que añorábamos desde que Malcolm McLaren —héroe, dios, profeta— abandonara el barco: la provocación sin objeto, los instrumentos aporreados sin lógica alguna y las letras irónicas, aquí ya apegadas al puro efectismo espectacular donde la ironía se convierte en sátira. Puro punk 77, sólo que ya no lo es.

Con veintiún temas donde la única constante es el frenesí propio de Los WebeloSS, y con muchos de ellos durando apenas sí un minuto o menos, la morralla crece entre sus huecos como la mala hierba en el jardín. Y sin embargo, no importa. Cuando llegamos a temas como Hitler vive (En un campo de concentración) o Sólo es punk si yo lo digo, temas que les valdrían un par de hostias por parte de los (anti)fascistas de crestas, nos recuerdan que el valor sociopolítico del género no se da en la literalidad, sino que lo dejan ver entre lineas. Denunciar la politización constante de cada acto de vida, o incluso caer en la pura y dura gilipollez, es un acto político más puro que gritar por enésima vez «puta policía». El resultado es un trabajo irregular, que se aleja un paso del punk para estar más cerca de él, que acaba siendo una boutade más efectista que efectiva que, como no podía ser de otro modo, los adlateres del buen gusto entenderán como una puta mierda. O lo que es lo mismo, una pequeña golosina del género.

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