The National – Trouble Will Find Me (2013)

por Álvaro Mortem

The National - Trouble Will Find Me (2013)Los géneros son una realidad fluida, en transformación constante, en tanto el estancamiento es sinónimo de la muerte para ellos. En la música, más que en ningún otro arte, se aprecia la necesidad constante no tanto del cambio como del contrapunto, la evolución sutil que no cambia las bases pero sí modifica lo accesorio; la fluidez del sonido, su tendencia a hacerse familiar al oído, produce que cualquier intento de repetir fórmulas conocidas se vea, entre los aficionados de cierto criterio, como un ejercicio nefando de estancamiento. Rara vez se acusa a un escritor o un cineasta de hacer siempre lo mismo, en ocasiones incluso se celebra que lo hagan, pero con que una sola vez un música repita coordenadas sería natural que se le considere muerto. «Experimenta o muere» — ese es el lema del arte musical.

A The National no se les puede negar que en cada disco buscan encontrar un sonido nuevo al que aferrarse, un modo nuevo de abordar lo que tienen por entrañas. Aunque sus bases parten siempre del post-punk de corte clásico, añadiendo siempre excesos ruidistas en directo y predominancia de instrumentos de viento en estudio, nunca se conforman con repetir la fórmula patentada; lo irónico de su evolución es que necesitaran seis discos para firmar su trabajo más próximo a la ortodoxia del género, una oda que roza el clasicismo post-punk evitándolo en el último momento con una finta elegante. En Trouble Will Find Me encontramos bajos rotundos, estructuras circulares, instrumentos de viento y la batería marca de la casa —con un Bryan Devendorf en estado de gracia, si es que necesita algo así como la gracia—, conformando en conjunto un sonido con más influencia de The Chameleons o The Sound que de Joy Division. Porque, aunque algunos críticos lo olviden, existieron más grupos aparte de los de Manchester.

Cualquier intento de definir Trouble Will Find Me que vaya más allá de un sobrio «el disco paradigmático del post-punk contemporáneo» tiene algo de fracaso, algo de boutade, porque tendría demasiado de depreciación de un disco que requiere críticas mucho más extensas de las que el sentido común, o los editores de publicaciones no-académicas, permiten. Gran parte de la culpa la tiene Matt Berninger. Sus letras, como es costumbre, alcanzan una profundidad lírica que querrían para sí muchos declarados popes de las letras americanas actuales, haciendo de cualquier crítica un terreno yermo si no es capaz de pararse a realizar un análisis metódico de cómo cada golpe de ruido, cada soplo de viento, cada estructura circular, expresa algo que, a su vez, está desarrollado en las letras del exquisito barítono que es Berninger. No se necesita un crítico musical para profundizar en The National, se necesitan dos: uno musical y otro literario. Tan lejos llega que es imposible comprender, o siquiera disfrutar, la auténtica dimensión de su genialidad sin hacer una disección pormenorizada, canción por canción, para entender cómo, en este caso, narrativa musical y literaria son una y la misma. Algo que se puede disfrutar desde uno u otro nivel, pero sólo adquiere auténtica entidad cuando se aprecia desde ambos.

¿Qué más cabe decir cuando sólo queda ahondar o callar? Pues ya está dicho: usted, lector, ahondar; nosotros, críticos, callar.

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