Adormilados en un imperio falso

por Mario Cotos Franck

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Son de Ohio pero podrían ser de New Jersey y haberse llamado The Universal. Porque pese a haberse convertido en unos inevitables de las revistas de tendencias tras la revelación que supuso Boxer, The National no tiene un discurso localizado en lo geográfico, por mucho que a menudo lluevan referencias a calles y ciudades en sus canciones. Antes de nada vamos a ahorrarnos emplear las palabras Leonard, Cohen y barítono para hablar de ellos; eso se lo dejamos a los oyentes más sumisos y manipulables. Yo venía a hablar principalmente de Matt Berninger, de su universo literario y su importancia (extra)musical.

Raymond Carver… cientos de letristas del rock han intentado -calamitosamente- emularle, es una influencia insorteable y de la que uno puede presumir sacando pecho. Lo que muchos de ellos no parecen haber entendido es que la esencia de Carver no reside en la síntesis sino en cómo sintetizar lo esencial; una obviedad de ésas que parecen ignorarse sistemáticamente por tratarse precisamente de eso, obviedades. Berninger se implica en lo lírico, quién va a discutirlo. No es muy habitual hoy en día encontrarse con ese mimo y ese esmero en cada figura, ni esa mesura a la hora de recurrir a las dichosas anáforas, tan sujetas al estribillo y la inmediatez, tan gratuito y recurrente se ha convenido su uso. Su voz literaria es consistente, que no monótona, respeta la continuidad que ha ido creando canción a canción; los títulos, las historias y las perspectivas están perfectamente comunicados entre sí. Claro que hay una serie de temáticas que se revisitan constantemente, siendo una de ellas la soledad. Es ahí cuando Berninger adopta el papel de cronista generacional, porque aun hablando de sí mismo está disponiendo un mapa universal, confesando miedos y culpas que muchos arrastramos pero no tenemos el valor de reconocer. ¿Demasiado familiar? Es innegable que ese espectro temático está íntimamente ligado al rock desde antes de su nacimiento, pero Berninger acierta en el tratamiento al no caer en la conmiseración y el cinismo, sin magnificar la derrota o embellecerla. Acierta incluso cuando opta por un tono sardónico porque sabe cuándo desentenderse de la narración o implicarse en ella. ¿He dicho antes mesura? La sobriedad vocal de Berninger sólo es un apéndice a cómo se involucra en su pathos. No adopta esa distancia hipócrita tan cara al pop, ese mal vicio de abrazar y patear intermitentemente el mensaje que se está lanzando, o ese mucho más monstruoso que consiste en manipular al espectador estableciendo un canal que jamás existió ni existirá entre ambos.

Hablar de rupturas, alcoholismo y espiritualidad es otra de las ciénagas del rock, porque son elementos que incluso implicados con ingenio invocan al tópico y el aburrimiento; otra asignatura que Berninger aprueba con matrícula, y lo hace sin enrevesar las metáforas ni retorcer su discurso hasta hacer de él un algo indescifrable. Como buen escritor que es abisagra las puertas, baila sin tropiezos con la ambigüedad y no se planta orgulloso desde el hermetismo. Es una invitación abierta, pese a que le encontremos hablando de sí mismo. Porque hay exorcismo en The National, y se practica a menudo y a plena luz, como también hay ejercicios catárticos y confesiones arrodilladas. Pero de nuevo, todo aquello que hemos aprendido a entender como inherente al rock, Berninger lo franquea sin -aparente- esfuerzo. Y si bien es cierto que no puede evitar hacer todo esto desde un tratamiento romántico, y planteándonos que es posible que Berninger no haga más que contarnos la misma historia desde distintos tiempos y ópticas, las canciones de The National sobresalen entre sus coetáneas. Podría reducirse a que derrochan honestidad y valentía, pero desgraciadamente son términos que han quedado erosionados por el uso y abuso de muchos inconscientes. Quizás sea la lucidez con la que narra episodios tan dramáticos, y puede que estos sólo sean dramáticos para Berninger, pero sabe incluirnos en el relato sin maniobras chamánicas ni forzando un vínculo empático. Honestidad genuina, exposición cristalina, incluso cuando se roza eróticamente con la forma y el sentido, pero es que Berninger es un poeta, uno de verdad desde que no quiere vendernos que es un poeta, acto de vanidad que por desgracia abunda sobremanera hoy en día. Olvídate de lo que digan sobre The National por ahí, aquí lo importante es tu relación con ellos, tu papel en lo que Matt cuenta, porque Matt te está invitando constantemente a que participes. Supongo que tiene sentido que se establezca esa clase de comunicación con el oyente cuando la soledad es una presencia perenne en el imaginario de Berninger y, por extensión, la banda.

Tan universales y tan humildes.

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