Burn In Hell – Spiderfightcatwaterhate (2011)

por Xabier Cortés

Burn In HellDespiertas sobresaltado, con la cabeza abotargada y la boca pastosa; no recuerdas como has llegado a este lugar. Todo parece extraño, no aciertas a identificar la mugrienta habitación que, supones, te ha acompañado durante la noche. El calor húmedo te oprime el pecho al mismo tiempo que un olor nauseabundo termina por golpearte en la boca del estomago obligándote a buscar respuestas —y alivio— en la calle. Tras recuperarte, a duras penas, de la implacable fortaleza de los rayos del Sol y tras quedarte fascinado siguiendo con la mano el rítmico tac-tac de la pata de palo cuyo dueño, un veterano pirata que te mira con desprecio, camina tambaleándose hacia a ti, escuchas a lo lejos una música que no atinas a reconocer pero que irremediablemente guía tus pasos. Descubres con alivio un antro mugriento del que parece salir tan lisérgico y magnético sonido y sin dudarlo dos veces cruzas el umbral para encontrarte, al fondo del minúsculo tugurio, con lo que parece ser un grupo de piratas golpeando y maltratando con precisión milimétrica sus instrumentos. Es el cabaret de los piratas, es Spiderfightcatwaterhate de Burn In Hell.

Lo que presenta ante nosotros este grupo australiano es una exótica colección de elementos que consiguen adaptarse unos con otros para construir todo un universo sonoro que inevitablemente nos transportará a ese antro insalubre mientras compartimos brebajes de alta graduación alcohólica —y dudosa procedencia y legalidad— a la vez que las historias de piratas, saqueos, rehenes, naufragios, botines y tesoros escondidos se vuelven más escandalosas y menos creíbles. Burn In Hell encuentra su sonido en un blues con sorprendentes toques punk e insuperables matices folk, todo estructurado en torno a un tenebroso piano/órgano que termina de redondear el sonido con los animados —pero oscuros, muy oscuros— matices cabareteros. Todas las composiciones que completan este álbum de impronunciable nombre combinan el innegable espíritu folk con su desmedida obsesión por todo el imaginario de los dueños de los mares del caribe en la época de los grandes buques a vela. Burn In Hell suena peligroso; no querrías verte en mitad de esos antros que servían de área de descanso en los mares de aquellos años y que eran frecuentados por personajes de dudosa reputación pero más que demostrada destreza a la hora de saquear, abordar y sembrar el terror en el mar. Aun así entras de lleno en la vorágine del álbum gracias a lo salvaje de la propuesta y a ese magnetismo inherente a las historias de piratas —y no, no me refiero aquí a las películas de cierta factoría hollywoodiense cortadas a la medida de cierto personaje de peculiar y repetitivo estilo— que tienen en nosotros.

Blues, cabaret, folk, punk y piratas. Burn In Hell no deja lugar a dudas: lo suyo son los antros de dudosa salubridad, las historias imposibles regadas de a-saber-qué alcohólica pócima y una Chopin aporreando un piano con el rigor del que siente su vida en peligro si una nota salta más alto de lo que debería. El disco perfecto para buscar —y encontrar— la condenación eterna.

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