Blonde Redhead – 23 (2007)

por Álvaro Mortem

Blonde Redhead - 23 (2007)Existen verdades que se fundan sobre las bases de una contradicción primordial. Aunque nuestra cultura insiste en afirmar la contradicción como un acto ilógico, una irregularidad a resolver, la realidad es que sólo a través del aparente antagonismo de la contradicción pueden surgir verdades auténticas que trasciendan lo evidente a primera vista. En tanto somos multitudes es imposible que no guardemos en nosotros la semilla de la contradicción. ¿Por qué tienen tanta importancia entonces? Porque, cuando armonizan de forma particular, consiguen crear efectos nuevos que se superponen sobre la identidad base que crean por separado; por ejemplo, si algo es grotesco es porque es hermoso y feo al tiempo. Es una contradicción, pero no es una inconsistencia lógica, en tanto toda contradicción es, en potencia, un acto de creación.

«Más rápido, pero más lento» — en una contradicción se fundó el post-punk. Blonde Redhead, quienes han bebido de forma ominosa del post-punk tanto como del dream pop para quedarse con su estilo propio, son el grupo por excelencia de la contradicción: son vitalistas y suicidas, rápidos y lentos, sórdidos y bellos. En esencia, profundamente humanos. Cualquier intento de categorizarlos o describir su música, para lo que en teoría estamos aquí, cae sobre la pesada responsabilidad de la contradicción constante; su estilo es un pop alegre, con bastante fuerza, pero que pese a su accesibilidad hace necesario tener un oído bien entrenado para apreciar sus matices, su oscuridad soterrada, su arrullar melodioso en caricias musicales. Es imposible hablar de Blonde Redhead, porque ningún otro grupo se le parece ni se le ha parecido en su evolución; 23 es un disco extraño, luminoso y de escuchar fácil, pero indigesto por su capacidad para hacernos sentir de forma constante que nos estamos perdiendo algo, que no hemos rascado nada más que la superficie.

¿Cómo hablar de lo que no es posible hablar? Callando no, desde luego; dando rodeos, a través de metáforas, arropándonos en contradicciones. Podemos decir que Blonde Redhead hacen música para suicidarse metiendo la cabeza en una trituradora mientras bailas; también que su música es el canto infernal de un ángel disfrutando del cielo siendo torturado por un monje cenobita; es posible afirmar que son ruidismo ilustrado, incluso cuando todo suena con una claridad envidiada por cualquier éxito de ventas de ayer y hoy. Podríamos hablar de texturas, de presente, de su historia — también podríamos ponernos un revolver en la sien y apretar el gatillo, que sería lo mismo que intentar describir la existencia del grupo acudiendo a los lugares comunes de la mediocridad crítica musical. 23 es la imposibilidad fáctica de escribir sobre 23, porque se escribe a sí mismo: como bailar sobre arquitectura, si es que eso significa bailar la Casa Tristan Tzara bajo la irónica contradicción de que la construyera Adolf Loos.

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