Folkearth – Drakkars In The Mist (2007)

por Xabier Cortés

FolkearthEl cliché es inevitable. No podemos escapar de él porque, queramos o no, nos termina por rodear, sobre todo cuando tratamos de cualquier género musical: tanto artista como público se ven seducidos por el magnético néctar del estereotipo. Por un lado el artista se reconoce y, sobre todo, reconoce la fórmula y las herramientas que debe tomar para que si obra sea aceptada y elevada por la plebe. Sí, una obra artística supeditada al público, lo que hay que ver. Y por otro lado el público, ah, el público. El público se revuelca en esa imperiosa y malsana necesidad de pertenencia a algo superior a él; ser parte de un todo mayor que le da sentido. Qué mejor que demostrar esa dependencia que compartiendo estética y discurso. Aún y todo el cliché no siempre resulta molesto y prescindible, siempre que éste se use con moderación y no con el único objetivo de epatar: se puede hacer uso de tal o cual estereotipo —da igual si estético, conceptual o vaya usted a saber qué— para situar de antemano la obra del artista pero sin que éste sirva para vertebrar todo su discurso: que sea una pincelada. El problema viene cuando toda la obra, todos los estratos de la misma se asientan en una inagotable sucesión de clichés a cada cual más explotado que el anterior y eso es precisamente lo que le sucede a Folkearth y a este Drakkars In The Mist que hoy nos sirve de excusa.

Resulta complicado no limitarse a escribir un listado con todos aquellos estereotipos que explota, vuelve a explotar y finalmente termina explotando este macroproyecto plurinacional musical. Son tantos los clichés que se dan cita aquí que raro será el momento en el que los niveles de vergüenza ajena se sitúen en límites tolerables para el público medio — porque no se engañen, el jebi, sí con J y con B, los disfrutará con el entusiasmo habitual— y no nos obligue a enganchar el reproductor y lanzarlo por la ventana con verdadera ira vikinga. Podríamos señalar que Folkearth recoge y hace suyos, de alguna forma, los momentos menos inspirados de Vintersorg, hace guiños a los desarrollos más ridículos de Moonsorrow —hay muchos para elegir, lo sé, elijan aquellos que les hagan saltar el vergüenzajenómetro con más virulencia— y la épica de centro comercial en Navidad. ¿Coros supuestamente épicos evocando a las valkirias? Sí. ¿Partes más duras y con voces, más o menos, guturales para tener contentos a los fans del viking metal made in Finntroll? Que no falten. ¿Se les ocurrirá introducir voces agudas haciendo un guiño al público del heavy tradicional? Por supuesto. ¿Odas festivas á la Korpiklanni? Y le cantan a la niebla y a los barcos y a Midgard también, que no falte de nada. Y que no falten tampoco una larguísima colección de instrumentos tradicionales para terminar de redondear el componente folkie —siempre según el criterio de Folkearth, por supuesto— del álbum.

Cuando abrazas el cliché en su forma más pura y te rodeas de todos sus estereotipos satélite el resultado no puede ser otro que una obra mediocre que sirve y servirá de ejemplo de los males de una escena —la del metal y, sobre todo, el viking metal— que debe alejarse de sus clichés para seguir avanzando.

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