No respondemos más que ante la muerte. Lo mejor del 2014 según Studio Suicide

por Studio Suicide

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Cuando en Studio Suicide decidimos hacer una lista con lo mejor del año teníamos claro un aspecto: debía ser sui generis. Plegarnos al hype, las visiones comerciales o el convencionalismo crítico sería un crimen en cualquiera de nuestras críticas, pero más aún si se trataba de resumir lo más relevante del año. No existen elecciones inocentes, pues toda elección implica un uso del pensamiento. Aunque no damos ninguna gran sorpresa para el lector despierto, aquel que nos lee con una regularidad mínima, si hemos pretendido poder ser una alternativa a la «crítica» tradicional, aquella que sólo sabe moverse según criterios de lo que la mayoría aclama como mejor. Evitamos caer en el campo de la opinión, del roce obsceno, del susurro malicioso de aquellos que han olvidado que «crítica» significa «discernir», no «contentar».

Bajo esa premisa, escribimos. Escribimos no sólo nuestras críticas, sino también nuestras listas, que son un ejercicio crítico que, contra la opinión general, tienen algo particularmente profundo: pretenden sintetizar lo mejor del año, aquello más relevante cara al futuro, sin la perspectiva del tiempo. Es una labor difícil, ingrata e imposible. Pero, como en Studio Suicide amamos los imposibles, de ello nos encargamos.

Nada más denostado que las listas, nada que nos guste más que escribirlas.

 

Lo mejor del 2014 según Studio Suicide

Xabier CortésTop 7 de 2014 +1 de 2013

Swans – To Be Kind
Oyaarss – Zemdega
Sólstafir – Ótta
Anathema – Distant Satellites
Laibach – Spectre
Menace Ruine – Venus Armata
Belako – Bele Beltzak Baino Ez
Nick Cave & The Bad Seeds – Push The Sky Away

Álvaro MortemTop 7 de 2014 +1 de 2013

Aphex TwinSyro
BorisNoise
Flying LotusYou’re Dead!
LaibachSpectre
PanopticonRoads to the North
Brian ReitzellHannibal Original Television Soundtrack
Xiu XiuAngel Guts Red Classroom
The NationalTrouble Will Find Me

Swans_topTo Be Kind, de Swans

La inclusión de la última barbaridad sonora de Michael Gira y sus camaradas en una lista que tenga por objetivo destacar los elementos culturales más importantes de un año debería ser (casi) obligatorio en todo magazine/blog/cosa cultural que se precie. No sólo porque To Be Kind supone un tour de force en la trayectoria de Swans desde que Michael Gira los recuperara en el año 2010 sino porque continúa explorando los sonidos oscuros, exprimiendo un poco más los paisajes claustrofóbicos marca de la casa y extrayendo nueva savia de su genialidad. Swans merece estar también en una lista de esta índole por consagrar su música al directo y conseguir torpedear los pilares de la Civilización en 2014 con una gira apocalíptica acompañado del ruidismo industrial de Pharmakon. Por todo esto y mucho más, claro.

Syro-digital-packshot-RGB-480Syro, de Aphex Twin

El maestro ha vuelto. Aunque algunos esperaban un cambio radical en Aphex Twin, como si fueran posible maniobras extremas sin perder la personalidad, lo que nos ofreció Syro es una nueva faceta de un músico cuyo nombre ya está tallado en nombre entre los clásicos contemporáneos. La radicalidad de su propuesta, mucho mayor cuanto más se escucha, se esconde a través de infinitas capas de sonidos, como viene siendo habitual en su trabajo, recordándonos lo que supone cada disco de Aphex Twin: la posibilidad de descubrirlo de nuevo, creer que ya lo conocíamos cuando siempre tiene algo nuevo que decirnos. Porque, ahí está el error, creer que Syro es más de lo mismo es no haber escuchado con la suficiente atención.

Oyaarss_topZemdega, de Oyaarss

Vivimos tiempos convulsos. Algunos se empeñan en defender que la tecnología y el uso de la misma nos aleja de nuestra condición de humanos mientras que otros, los menos, mantenemos que esta tecnología es necesaria para la evolución de la especie. Entre tanto, Oyaarss ha creado en Zemdega una propuesta a caballo entre el ambient, el drone, el breakbeat y el IDM para demostrarnos que esa supuesta pérdida de humanidad en pos de la tecnología es falsa, que sólo abrazando la tecnología hasta sus últimas consecuencias encontraremos un Futuro y que una vez hayamos escapado y, sobre todo, asimilado este Zemdega seremos capaces de abrazar nuestra nueva forma (post)humana.

Boris - Noise (2014)Noise, de Boris

De Boris esperamos siempre lo más grande. Con Noise no sólo continúan el sonido desarrollado en Pink, pulido en Smile y llevado al paroxismo en Heavy Rocks, sino que se permiten hacer lo que les viene en gana sin dejar de sonar nunca como sólo ellos suenan. Ya sea permitiéndose arreglos pop en una canción tontorrona, como en Taiyo no Baka, o se decidan por un contundente crust llevado a la enésima potencia, como en Quicksilver, su calidad siempre está varios niveles por encima de cualquier otro grupo de músicos de nuestro tiempo; «decepción» no es una palabra que pueda ser usada cuando hablamos de ellos. No cuando con Noise han vuelto a demostrarnos que cualquier trato por debajo del sensei, si es que no el sama, sería un insulto indigno de alguien considerado crítico.

SUA 331LPES Trigatefold.inddÓtta, de Sólstafir

Pocas obras son capaces de establecer un diálogo con sus receptores tan cristalino y abierto como lo hace este último trabajo de los islandeses Sólstafir. Ótta es capaz no sólo de continuar la senda que llevan despejando —de matorrales inservibles y calaña peligrosa, pero eso sería entrar en otro tipo de debate— Sólstafir a lo largo de su trayectoria, también es capaz de redefinir los límites del metal extremo saliéndose de sus cerrazones y cánones más obtusos. Sólstafir trasciende del metal extremo a la vez que vuelve a alejar los límites del genero para conseguir su propósito que no es otro que el de crear música.

Cover - Enjoy!You Are Dead!, de Flying Lotus

Llámalo jazz, muñeca. Cuando Flying Lotus anunció nuevo disco con arte conceptual de Shintaro Kago, escorando de forma flagrante hacia el lado experimental —o más experimental todavía que sus anteriores trabajos, para ser justos— y cuya temática general es la muerte, no podíamos hacer otra cosa que señalarlo como favorito de la temporada en todas nuestras quinielas. Y acertamos. You’re Dead! es un disco difícil, lleno de aristas, como un puzzle letal del cual es imposible salir sin la sensación de haber perdido por el camino media docena de órganos y varios miles de neuronas; una trampa mortal, un dulce exceso de sufrimiento, que es imposible de aprehender. Música del futuro o de otro mundo, ¿qué importa? Nuestras cabezas todavía siguen entre algunas de sus canciones. Literalmente.

Anathema_topDistant Satellites, de Anathema

Anathema llevaban unos años intentando volver a alcanzar el cielo explorado en A Natural Disaster. En el anterior lanzamiento a este, Weather Systems, ya procuraban alejarse de esa sombra que a modo de Galactus musical devoraba cualquier composición surgida de la mente del núcleo duro de Anathema desde 2003. Ha sido en este Distant Satellites cuando han conseguido situarse en un estadio diferente pero igual de preciso que en A Natural Disaster. Han sabido encontrar un equilibrio entre las partes más desenfrenadas y aquellas en las que dan rienda suelta a los Anathema más paisajistas, más etéreos además de haber compuesto el mejor cierre de un disco —Take Shelter— desde ese tremendísimo Violence que cerraba su obra de 2003, casi nada.

Laibach - Spectre (2014)Spectre, de Laibach

Cuando eres la provocación más longeva de Eslovenia, cuando nadie ha sabido nunca cómo entenderte, cuando incluso Slavoj Žižek siente la necesidad de hablar sobre ti, es porque eres relevante. Al fin y al cabo, hablamos de Laibach. Su cambio beligerante hacia formas políticas menos satíricas, aunque quizás más cruentas, hacen que su sonido se recudrezca al mismo tiempo que se hace más accesible para los neófitos. ¿Contradictorio? No más que el hecho de ser su disco menos satírico lo hace el más mordaz, el ser su trabajo más político lo haga el más alejado de la provocación. Recordemos, son Laibach. Nadie se mantiene treinta y cinco en el candelero sin aprender a fluir entre contradicciones.

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Spectre, de Laibach

Que Laibach lleva a la vanguardia del movimiento industrial desde la aparición hace casi treinta años ya del Neu Konservatiw —o el Nova Akropola de un par de años después, si prefieren— es algo que no debería coger por sorpresa a nadie a estas alturas de la vida. Con Spectre, Laibach son capaces de haber parido su trabajo más pop hasta la fecha y, a la vez, conseguir su trabajo con mayor profundidad política manteniendo, más en el fondo que en la forma, su imperturbable carácter marcial e industrial. Si esto no le parece razón suficiente para incluir este álbum entre lo más destacado de este años que hoy termina, apaguen la luz y cierren la puerta por fuera.

cRoads to the North, de Panopticon

El black metal necesita alguien como Panopticon. No sólo por la raigambre romántica asumida desde la lógica coyuntural americana, la fusión con el bluegrass, sus convicciones anarquistas o tener el sonido más salvaje en todo su continente de nacimiento, sino también por su capacidad de crecer de forma sólida, aunque discreta, con cada uno de sus trabajos. Aunque Roads to the North es una continuación espiritual de Kentucky, no lo desmerece en absoluto incluso cuando no alcanza sus cuotas inconcebibles de genialidad. Pero, incluso siendo menor, lo aplaudimos: seguir buscando el camino de fusión perfecto entre el black metal y el bluegrass no es sencillo, y ahora está un paso más cerca de conseguirlo.

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Venus Armata, de Menace Ruine

¿Cómo recuperar la oscuridad y el terror genuino en una escena, la del black metal, que ve cómo se va convirtiendo poco a poco en un incesante desfile de clichés y lugares comunes? Para Menace Ruine esta recuperación pasa por traer parte del entramado folk medieval —sin ningún ánimo de convertirlo en una feria de la cerveza, por supuesto— para asimilarlo junto a un black metal basado en largos drones y capas y capas de sonidos multiplicando la reverberación del trabajo vocal y recuperando así lo tenebroso, lo maligno y lo maldito para un black metal que parecía estar herido de muerte enterrado entre estereotipos insulsos y discursos vacíos.

Brian Reitzell - Hannibal (2014)Hannibal Original Television Soundtrack, de Brian Reitzell

Si existe una serie con un diseño de sonido espectacular, esa es Hannibal. Diseño de sonido, no música. Lo que logra Brian Reitzell trasciende el acompañamiento, incluso las convenciones esenciales de la música, para convertir la música en algo que trasciende su propia entidad individual; el sonido se conforma como una segunda piel inseparable de las imágenes, haciendo inconcebible ver la serie sin su música. Pero incluso si separamos las imágenes del sonido, el resultado es exquisito. Su uso intensivo de instrumentos japoneses, la pasión por el glitch y los ambientes minimalistas que se construyen en fases de (de)crecimiento natural convierten al conjunto, ahora sí, en un ejemplo increíble de música experimental. Aunque sólo fuera por Bloodfest, su tema más ortodoxo y también el más imbricado dentro del diseño narrativo del cual es parte, su trabajo ya sería merecedor de salir entre estas lineas.

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Bele Beltzak Baino Ez, de Belako

Por su carácter de transición, por su espíritu renovado y, por qué no, por ser capaz de asimilar una cantidad nada despreciable de referencias y sonidos para convertirlos en algo propio. Y esto en un EP, casi nada. Desde el esqueleto post-punk que sostiene todo el entramado de Belako hasta los bucles electrónicos —¿es un guiño al retrowave eso que podemos escuchar en Mum?—, pasando por el desenfreno guitarrero à la Sonic Youth, la sólida base rítmica perfectamente cubierta por una batería precisa y un bajo que sostiene parte de la idiosincrasia del grupo junto con un juego vocal a la altura de las circunstancias y unos desarrollos en los sintes digno de enseñarse en las escuelas de medio mundo y parte del otro. Todo esto lo podemos encontrar en un EP que cierra una etapa y abre otro camino para el cuarteto euskaldun. Casi nada.

Xiu Xiu - Angel Guts Red Classroom (2014)Angel Guts: Red Classroom, de Xiu Xiu

Donde para la mayoría de las personas conseguir sobrevivir al abismo devolviéndoles la mirada es el cenit de sus vidas, para algunas personas tener la mirada del abismo clavada encima desde que se levantan hasta que se acuestan es algo tan natural como comer o respirar. A ellos los llamamos artistas. Si hablamos del disco más experimental y extremo de Xiu Xiu, el grupo más experimental y extremo del post-punk actual, donde Jamie Stewart ha decidido coquetear con temas de una virulencia extrema, siendo que es el retratista último del lado oscuro del alma humana, nos queda claro por qué Angel Guts: Red Classroom es una obra maestra. Una obra maestra indigerible, como toda obra maestra.

 

¿Qué pasamos por alto en 2013 (y no debimos)?

Nick-Cave-and-the-Bad-SeedsPush The Sky Away, de Nick Cave & The Bad Seeds

Sirva esta bola extra como redención —o como penitencia, todavía no lo tengo muy claro— por no haber incluido este álbum entre los lanzamientos discográficos más interesantes del cada vez más lejano año 2013. Podría enumerar aquí una colección más o menos amplia de excusas vacías y torpes intentos de justificar la no inclusión en la lista de los discos imprescindibles del año pasado un trabajo de la altura de este que se homenajea aquí, pero todo quedaría en un vago ejercicio de querer justificar lo que no se puede. Redención, curioso. La redención, junto con Dios, la Muerte y el Amor es uno de los temas recurrentes en las letras de Nick Cave pero siempre desde su particular prisma. Push The Sky Away se ha convertido en uno de los álbumes de cabecera de entre toda la discografía del crooner oscuro australiano y en esta santa casa no nos hemos quedado tranquilos hasta que lo hemos incluido en La Lista. A partir de aquí, que cada cual tome las decisiones que estime oportunas.

PrintTrouble Will Find Me, de The National

En Studio Suicide somos falibles. No es algo que ocurra demasiado a menudo, pero en ocasiones se nos escapan cosas por el ruido de fondo que vienen acompañadas; el clamor crítico hacia The National nos cegó, ignorando algo que deberíamos haber escuchado con mayor profundidad. Es hora de entonar el mea culpa. De sólo poder rescatar un disco que no nombráramos en 2013 ese sería Trouble Will Find Me por razones evidentes: post-punk cristalino, con personalidad arrolladora, con unas letras soberbias que podrían pasar por buena literatura americana —exacto, eso que entre escritores menores de cincuenta años ya no existe— y la increíble voz de Matt Berninger. ¿Qué más cabe decir? Nosotros también hemos caído rendidos ante sus encantos.

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