Pharmakon – Bestial Burden (2014)

por Xabier Cortés

Pharmakon_bestial burdenLo bueno del ruido —o el noise, tanto da— es que no se puede enseñar a hacerlo. Cada uno de nosotros tenemos que entender el noise sin dejarnos guiar más que por nuestros instintos. La disonancia, el error, el glitch llevado a su mayor expresividad, de ahí nace el noise y de ahí es precisamente desde donde tenemos que (intentar) entenderlo. Las imágenes que nos dispara en nuestra mente resultan confusas y frenéticas; somos incapaces de encontrar un patrón, una melodía, un ritmo que nos guíe y nos sirva de salvavidas en todo este frenesí ruidista. No encontramos patrón hasta que damos con él, no hallamos estructura hasta que ésta aparece de repente ante nosotros; somos incapaces de encontrar un camino dentro de la maraña de ruido hasta que ésta se disipa y, por fin, lo encontramos. Son muchas las formas en las que el ruido aparece ante nosotros y Bestal Burden de Pharmakon es una de sus apariciones más viscerales, salvajes y tenebrosas que conocemos.

Resulta complicado separar el noise de la violencia; el ruido engendra violencia porque parte de la violencia para ser ruido. No hay mayor violencia que la de un cuerpo levantándose en armas contra algo que lo ataca y lo debilita. Un cuerpo que es capaz de atacar su propia integridad con tal de terminar con la amenaza. Y eso es precisamente el noise: utilizar las armas disponibles en la música contemporánea —cualquier mecanismo o artefacto que sea capaz de emitir alguna clase de ruido— y exprimirlo hasta hacerle vomitar todos esos sonidos que es capaz de generar. No entendamos el noise (sólo) como la unión de errores, de fallos en el sistema, veamos el noise como una lucha interna, física, visceral. Bestial Burden fue compuesto cuando Margaret Chardiet —única responsable de Pharmakon— estaba siendo tratada de una enfermedad grave y eso se refleja en cada uno de los minutos del álbum. Hay miedo en Bestial Burden, también hay violencia, existe la desesperanza y el odio puro como existe agonía y redención. Todos esos pensamientos que nos recorren la mente cuando vemos a nuestro cuerpo inerte, sin respuesta ante la adversidad quedan tallados en la claustrofóbica Body Betrays Itself o en la violenta Autoimmune. Manipulaciones sonoras llevadas al paroxismo creando atmósferas venenosas y paradigmas sonoros insalubres y peligrosos pero absolutamente hipnóticos y adictivos. El ruido oscuro, el noise espeso de Pharmakon es capaz de colapsar nuestras vías nasales, cegar nuestra mirada y perforar nuestros tímpanos mientras su exceso y su reflexivo frenesí penetra en nuestra piel dejando profundas heridas que nunca creeremos que irán a cicatrizar.

Cuando en Abandon ya pudimos contemplar la capacidad creativa de Chardiet en Bestial Burden ésta ha llevado su noise a un nuevo estadio, una nueva liga, un nuevo deporte. Marcial, espiritual —no es casualidad que girara con Swans por Europa a finales del año pasado—, oscuro e intenso. Sorprende la facilidad con la que somos capaces de adentrarnos en esa colección de bucles infinitos y terror puro que es Intent or Instinct, la agonía reflejada en los primeros compases de Primitive Struggle como también sorprende la sencillez aparente con la que Chardiet es capaz de exprimir, retorcer y destruir los pilares sobre los que se sostiene la melodía, la estructura y la armonía con un único objetivo: noise.

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