Yelle – Safari Disco Club (2011)

por Álvaro Mortem

Yelle - Safari Disco Club (2011)Todo safari es un viaje. Incluso habiendo trascendido su significado en suajili, resulta evidente que no podemos desvincular el acontecimiento de la caza, fotográfica o armamentística, de animales africanos con el hecho de estar trascendiendo nuestro horizonte de significados; en el safari interactuámos con lo exótico, con aquello que nos resulta, en nuestra propia experiencia, extraño. Es, por definición, el encuentro con el límite. Entramos en contacto con animales raros, cuya existencia conocemos, pero que nos son, en nuestra vida cotidiana, en todo ajenos. He ahí su condición manifiesta de viaje. Nos lleva hasta el límite, más allá de nuestra zona de confort, obligándonos a pensar los límites de lo cotidiano desde la perspectiva de la cotidianidad de los otros.

En Yelle hay mucho de safari, de experiencia del límite de todo lo familiar. Aunque en Safari Disco Club no abandonan el hip-hop marca de la casa, las influencias pop son, en esta ocasión, mucho más evidentes. Antes de que estuviera de moda volver la vista hacia los 80’s, Yelle ya estaban mirando hacia allí con un ojo mientras con el otro tenían la vista clavada en el electro house tan popular a principios de la década; el resultado, lejos de la aberración que esperaban la mayoría, es un disco ágil, divertido y bailable que sobrevuela por las mejores cualidades del pop sin abandonar, en momento alguno, un carácter más ambicioso. Es pop, quiere ser fresco, pero tiene un je ne sais quoi especial, cierta profundidad insondable no reductible al ejercicio de estilo. Como si en lo de safari fuera literal, se nos antoja arrojados a la caza de los sonidos exóticos de una época inexistente salvo en las pistas de baile de un futuro que no ha seguido, no exactamente, el camino dictado por Yelle.

No debe extrañarnos entonces su errático picotear. Encontramos desde cierto clasicismo pop heredero de la chansón, como es el caso de Que Veux-Tu, hasta ejercicios de pura vanguardia retro, como J’ai Bu, pariendo por el camino arreglos chiptune la mar de encantadores, como en las mellizas La musique y —además, cercana al estilo de The Birthday MassacreMon pays. Pese al caos, la aparente mezcla que podría hacer endeble el conjunto, en todo momento suena uniforme, personal; no sobra ni falta ni un sólo segundo, cada arreglo tiene un estricto sentido lógico para estar situado donde está. Logra mantenerse siempre en lo más alto no a través de la repetición de motivos conocidos, sino de la pura experimentación.

Si en Pop Up, su primer trabajo, teníamos unos Yelle absolutamente pop, llevando hasta el extremo su actualización de los códigos del mainstream, aquí continúan ese camino desde la ruptura, desde el punto límite de lo que supone ser pop. Mirando atrás, observando la propia historia de su género, remozan su pasado para crear un paradigma de lo contemporáneo. Paradigma que lo sigue siendo cuatro años después. Ahí radica su mayor logro, hacer de los triunfos del pasado la actualización que hace posible el viaje, o el safari, del presente futuro.

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