Marilyn Manson – The Pale Emperor (2015)

por Álvaro Mortem

Marilyn Manson - The Pale Emperor (2015)Entendemos por madurar algo que no lo es. Hacerse adulto no debería significar convertirse en un pálido reflejo de lo que en algún tiempo pasado pudimos llamar nuestra personalidad, sino convertirse en una forma más evolucionada, con las aristas bien pulidas, de aquello que siempre hemos sido de base. El problema es que, cuando se habla en sociedad de ello, madurar significa hacer lo que nuestros mayores creen más óptimo. Todo artista debe evolucionar, pero madurar nunca debería significar volver a la lógica del pasado; cuando la vieja guardia de la crítica dice que «has madurado» es porque te has convertido en un ser tan decrépito como lo son ahora ellos.

Marilyn Manson nunca ha tenido claro como evolucionar. Desde Trent Reznor, o con Twiggy Ramirez y John 5 cogiendo su testigo después, ha sido siempre dependiente de terceros para pulir su sonido y llevarlo hacia alguna otra parte que no fuera el autoplagio indulgente. A nadie extrañó que Born Villain fuera un regreso por la puerta grande, ya que el grueso del mismo salió de la mano de Twiggy, y The Pale Emperor prescinde de su presencia para traer una nueva, la de Tyler Bates. ¿Qué nos trae en lo musical? Un Manson domado, alejado del regreso triunfal al industrial que supuse su anterior referencia, que cae en los peores tics del rock retro, bien enfangado en una mediocridad metalera que sería inconcebible hasta para los cánones de amateurismo de un grupo local. O lo que es lo mismo, un trabajo digno de Bates.

Algunos críticos ya se han adelantado para hablar de madurez, aunque lo único que haya aquí sea vagancia. Celebran un disco con letras pueriles, arreglos indignos incluso para la década pasada y cuyo nivel musical no pasa de ser tímido, en el mejor de los casos. Si madurar significa firmar un disco sin ningún riesgo, que apuesta por asumir códigos del pasado mal digeridos bien aderezados de provocación vacía, ¿por qué nadie tendría que querer crecer? Manson no debería quererlo, en cualquier caso. La ausencia de un genio que marque los ritmos, ya sea Reznor o Ramirez —permitiéndonos la pequeña crueldad de considerar los trabajos de John 5 y Tim Sköld, aunque dignos, menores—, pesa demasiado como para obviarlo; Manson vale tanto como el mejor de los músicos que le rodea y, en esta ocasión, ha vuelto a ceder ante la mediocridad de un canto de cisne que le prometía aproximarse al beneplácito crítico. Bien, ahí está: muchos pensarán que éste es un disco de madurez, pero The Pale Emperor sólo es un ejemplo más de cómo la muerte se ceba también con los emperadores.

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