FLOPPY – Deus Ex Machina (2009)

por Álvaro Mortem

FLOPPY - Deus Ex Machina (2009)Conocemos las cosas por intuición, no por un juicio consciente que determine los límites categóricos de las cosas. Nos resulta útil dividir cada aspecto de la existencia en diferentes categorías, ya que nos permite pensar la realidad sin tener que atender a su totalidad, pero tiene el problema de que toda visión implica siempre un juicio inconsciente de sus límites. No podemos delimitar donde acaba el ruido y empieza la música. Ante propuestas que escapan toda categorización tenemos dos posibles salidas: despreciarla, considerándola ruido o como algo incognoscible; o valorarla en sí misma, juzgándola fuera de categorías asociándola a lo que ya conocemos. Esto segundo es, precisamente, realizar un juicio consciente de los límites categóricos de las cosas.

Deus Ex Machina es difícil incluso de describir. Ritmos acelerados, ritmos rotos, atmósferas repletas de efectos disparados a través de una base glitch demencial que, a pesar del sonido de vanguardia, suena accesible como si se tratara del mejor pop nipón. Llamarlo ruido no es una opción. Como movimiento incognoscible, que podríamos describir como «propio de japoneses» o «cercano al cyberpunk», al referenciarlo como tal ya hemos pasado a describirlo con cierta precisión. Encontramos en él aires à la Polysics con sus momentos de salvajismo punk en temas como ヤダもん, aunque el tono de la maravillosa everything, su single chiptune, le emparentan en cercanía con las formas juguetonas de YMCK. En cualquier caso, algo divertido. Pero intentar reducirlo a cualquiera de las categorías nombradas sería absurdo. No es punk, no es chiptune, «divertido» ni siquiera es una categoría musical, y afirmar que es electrónica es tan general como afirmar que algo que hemos encontrado debajo de una piedra y tiene un número par de ojos y patas es un insecto.

¿Cómo logran FLOPPY hacer un trabajo que tenga personalidad propia? Utilizando los mismos ingredientes en diversas cantidades y variaciones para ir preparando recetas diferentes. Por eso es imposible clasificarlos. Escapan de las categorías, se circunscriben a los arrabales de la cultura, y construyen un discurso propio sin atender a concesiones a la crítica. Cada canción tiene sus propias capas, capas que desgranadas están conformadas por los mismos elementos que cualquier otra capa de cualquier otra canción. No existe mayor secreto. No podemos clasificarlos porque todavía no han creado una tradición suficiente en los cuales circunscribirlos. Podemos llamarlos vitalistas electrónicos, raveros robóticos del espacio exterior o Super Mario metido de eme haciendo una danza mecánica absurda, pero es imposible introducirlos en una categoría crítica a priori.

Si Dios es máquina, entonces FLOPPY es el Jesucristo ravero nacido en las ruinas de Neo-Tokyo.

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