Pizzicato Five – Playboy & Playgirl (1998)

por Álvaro Mortem

Pizzicato Five - Playboy & Playgirl (1998)¿Cuál es la primera cosa en la que piensas por las mañanas? La pregunta no es caprichosa porque, enredados entre sábanas y con todo el día por delante, estamos en la situación perfecta para dejarnos llevar por la introspección. O por la depresión, si no queremos andarnos con medias tintas. No importa lo que pensemos, incluso que nos refugiemos en la ausencia de pensamiento —aunque sea una quimera, retrasar lo inevitable haciéndolo cada vez más monstruoso—, porque en algún momento tendremos que salir de la cama y enfrentarnos al mundo. El mundo interior, aquel que atesoramos en la almohada, parece no tener lugar en los gestos cotidianos de lo real, salvo porque es imposible vivir sin pensar en la adecuación de cada uno de nuestros actos.

Nada le es más natural a Pizzicato Five que llevar el estado hipnagógico hasta la más absoluta cotidianidad. Abanderados del shibuya-kei junto a Flipper’s Guitar, musicalmente son un totum revolutum de influencias sólo en apariencia contradictorias: orquestaciones grandilocuentes, la chanson à la Édith Piaf, pinceladas de jazz y ligeros toques de electrónica de vanguardia. Fusionan lo nuevo y lo antiguo para formular un discurso irónico sobre la nostalgia que va muy en serio. Tiñen la realidad contemporánea de colores del pasado, desplazando el gesto irónico desde lo fabuloso hacia lo cotidiano: su autenticidad nace de deconstruir el siglo XX bajo la lógica especular del XXI, de coger los elementos claves de sus referentes y emparentarlos con su sensibilidad contemporánea. Sus referentes, de aroma francés, se suman a su estilo, de origen japonés, con el cual logran que su realidad sea la ensoñación de lo que debería ser un pop que interpele al pasado y al futuro desde un presente elástico.

Playboy & Playgirl es amable, chic, cruel y encantador. Es su trabajo más occidental, lo cual se aprecia en lo comedido de su experimentación con la electrónica —al menos en comparación con el cuasiperfecto Happy End of the World—, a la vez que su japonismo se desarrolla de una forma particularmente férrea: es polivalente, imposible de reducir a un axioma regidor. No es que sea irónico o contradictorio, sino que su poiesis es la contradicción. Cuando se cree haber comprendido su premisa aparece la ironía, da la vuelta al conjunto y nunca termina de despegarse del significado original. Ironiza sin abandonar la seriedad, se permite juguetear con la ambigüedad, porque ni es sueño ni realidad, sino la fusión de todas sus apariencias.

Pizzicato Five coquetean con la vida sin negarse ninguna posibilidad, ni siquiera la posibilidad de arrojarse por la ventana en vez de tomarse otra taza de café. Incluso la depresión se torna juego en su música. Ellos nunca salen de la cama porque llevan la almohada pegada a la espalda, nunca del todo en nuestro mundo, nunca del todo despegados del mismo. Nada les es imposible, todo es irónico y serio y el único límite es la armonía. Porque aquello que no armoniza es ruido, siendo el ruido lo que nos arroja a elegir la ventana antes que la taza.

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