Pinkshinyultrablast – Happy songs for happy zombies (2009) / Everything Else Matters (2015)

por Álvaro Mortem

Pinkshinyultrablast - Happy songs for happy zombies (2009)A veces el fracaso repara en aquellos que quieren reinventar lo que ya es ideal. Cada vez que alguien intenta inventar una versión mejorada de algunas cosas que ya han alcanzado su forma óptima, como por ejemplo la rueda, se encuentran de bruces con que cualquier cambio implica devaluar la perfección primaria de la cual parten; la rueda cuadrada, la rueda con pinchos o la rueda de fuego no aportan nada en diseño o funcionalidad, salvo quizás su propia curiosidad. Es difícil encontrar ese espacio donde la creatividad personal se conjuga con la necesidad por descubrir para conformar lo que, comúnmente, llamamos evolución. Y cuando eso no puede darse, es mejor encontrar nuevos usos, que permitan nuevos diseños, para la rueda.

El dream pop es como las ruedas: funciona a la perfección por sí mismo y cualquier otro añadido sobre su base fundacional lo aleja de su utilidad primaria. Conscientes de ello, Pinkshinyultrablast erigen su primera referencia como un monumento directo, sencillo y brutal de todo lo que debería ser el género. Desde su atropellado comienzo, con el saludable pop desarrollado en Blaster, todo lo que encontramos en sus brevísimos catorce minutos es el contraste entre el ruidismo, la velocidad cuasipunk y una voz femenina etérea. El resto son variaciones sobre su base. Pueden enfangarse en lo que tienen por ofrecer las guitarras limpias usadas como contraste (Honeybee, Ode to Godzilla) o sumergirse por completo en la violencia adrenalínica (Honeybee), pero siempre suenan como un ejercicio perfecto, medido al milímetro, de la mejor melaza dream pop.

Pinkshinyultrablast - Everything Else Matters (2015)

A muchos les sorprenderá que hayan tardado casi seis años en dar continuación a su trabajo. Con Everything Else Matters, una referencia menos amable aunque más contemporánea, siguen explorando los límites del dream pop dirigiéndose en dos direcciones diferentes al mismo tiempo: su sonido es todavía más clásico que en Happy songs for happy zombies, pero a la vez experimentan diferentes formas de abordarlo. Es así que aunque Umi sea dream pop en estado puro, en Holly Forest es donde podemos encontrar una interesante hibridación con lo mejor del indie pop actual para dar, a su vez, un sonido más clásico al conjunto. Como unos Sigur Rós post-Takk…. tan hasta arriba de cafeína que no pudieran evitar saltar de felicidad por entre los fríos bosques de un cuento de hadas materializado en el mundo. Su sonido es más maduro, más personal todavía, lo cual les permite reinventar sin disruptir aquello que ya parecía perfecto.

Pinkshinyultrablast no inventan nada, porque tampoco lo necesitan. Siguen los códigos del género, añaden según su conveniencia diferentes tempos o acercamientos próximos —más sutiles que en el caso de otros abanderados del shoegaze/dream pop, como Alcest—, dotando al conjunto de una estética diferente que les hace trascender su aparente sencillez a través de la experimentación sutil. Existe un complejo trabajo de producción e imaginación detrás, pero ni siquiera lo parece. ¿Por qué? Porque el mejor diseño no es aquel que reinventa de forma revolucionaria y evidente aquello que ya funcionaba, sino aquel que no se nota y pensamos, erróneamente, que siempre había estado con nosotros.

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