Hecq – Mare Nostrum (2015)

por Xabier Cortés

HECQ_Mare NostrumEl Ser Humano siempre se ha aventurado a intentar despejar los laberintos de la mente. Ha anhelado conocer los secretos que se esconden tras esa viscosa y esponjosa materia gris: los misterios de la memoria, lo pulsos eléctricos, las millones de conexiones, la velocidad de respuesta ante un estímulo visual, sonoro, táctil y muchos más. Tanto es su deseo por descubrir esta realidad que ha sido capaz de crear máquinas que, a modo de super cerebros, nos permiten a nosotros, simples humanos, controlar cada uno de los aspectos que completan su intrincada complejidad. Máquinas a las que se les permite «pensar» para, de esta manera —y entre otros muchos objetivos prioritarios— arrojar algo de luz al respecto de nuestra mente y sus esquivos secretos. Consigue así el ser humano «entrar» dentro de la mente artificial: superordenadores con una capacidad de cálculo obscena y que llegan a apoderarse de una superficie que ensombrece hasta el ridículo a aquel, lejano ya, ENIAC y que, en un ejercicio de pornografía involuntaria, que nos permite recorrer sus laberínticos pasillos repletos de cables, conexiones e hipnóticas luces multicolor intermitentes. Y el ruido. El ruido que genera esta mente artificial, los quejidos de la máquina, sus cambios de comportamiento, sus rumores, su despertar y su descanso, sus desvelos; todos y cada uno de ellos han sido recopilados por Hecq y cuidadosamente manipulados y exprimidos para crear una obra, Mare Nostrum, en la que la frontera entre el ser humano y la máquina se hace, por fin, invisible.

Protegido por una aparente frágil cascarón de vidrio transparente y situado en una antigua capilla en la ciudad de Barcelona se le presentó a Ben Lukas Boysen el imponente superordenador «Mare Nostrum» con su interminable colección de zumbidos y luces infinitas. Con el firme propósito de grabar los sonidos que de aquella máquina salían, se encerró en las instalaciones acompañado de su equipo de grabación —más máquinas, máquinas dentro de máquinas— para registrar todos y cada uno de los sonidos que después utilizaría para construir su propia interpretación de La Máquina® y con la que recorrería los intrincados vericuetos de la mente humana. Hecq es capaz de tejer una complicada maraña de sonidos y espacios en los que nos presenta a un Mare Nostrum desnudo pero no frágil; sabio pero también curioso y ávido de conocimiento. Se escuda en magníficos y profundos drones sobre los que va desplegando el inmenso catálogo de sonidos, extractos y glitches registrados en esas gélidas sesiones de grabación en el interior de Mare Nostrum. No se limita a situar esas grabaciones de campo en un orden más o menos correcto, más o menos coherente, sobre una estructura de sota, caballo y rey. No, Hecq va más allá: exprime cada uno de los segundos registrados en esas heladas instalaciones, los retuerce hasta conseguir el sonido correcto, el punto exacto en el que ese sonido expresa su idea o, por lo menos, una porción mínima de todo lo que se esconde en un álbum de la complejidad de este Mare Nostrum y sus cuatro composiciones.

Hecq es capaz de desenvolverse de forma certera por los senderos del ambient más explícito al mismo tiempo que experimenta con los sonidos potentes del IDM. Mare Nostrum no es una pieza más en el complejo, variado y extenso legado del artista alemán, Mare Nostrum está invitado a convertirse en una de sus piezas fundamentales, en uno de sus lanzamientos más precisos y, por supuesto, en uno de los trabajos imprescindibles de este año 2015 al que apenas hemos arrancado la cáscara.

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