Dødheimsgard – A Umbra Omega (2015)

por Xabier Cortés

Dødheimsgard-A-Umbra-Omega-coverLejos de apreciar el black metal como un ente homogéneo —y por homogéneo nos referimos a rutinario y anclado en el sota-caballo-rey— deberíamos enfrentarnos a él conociendo su carácter versátil y adaptable. También es cierto que existen ciertos elementos dentro del microcosmos blackmetalero que se limitan a etiquetar y, sobre todo, a juzgar lo que para ellos resulta auténtico y trve (sic) levantando para ello la voz por encima del resto para vomitar su discurso caduco y defendiendo (mal) lo indefendible, reivindicando el inmovilismo y el estancamiento en lugar de manifestarse a favor de su evolución y reinvención. Para apreciar el black metal deberemos comprender su facilidad para asimilar, fagocitar y reconvertir otras influencias sonoras en black metal, convirtiéndose así en género de vanguardia e incluso bordeando la experimentación a un nivel (nada) rudimentario. Existe el riesgo, por supuesto, de añadir tantos elementos a esa caldo primigenio que se pierda cualquier tipo de esencia que pudiera existir en ese sonido, afortunadamente para nosotros, esto no ocurre cuando estamos frente a «A Umbra Omega», de Dødheimsgard.

Tras ocho años de ausencia —con sus consiguiente rumorología alrededor sobre la disolución del proyecto y demás chafardeo más propio de la prensa del corazón que de la del ámbito musical— y tras dejarnos un disco rotundo y complejo como lo era —y lo sigue siendo— Supervillain Outcast, Dødheimsgard, DHG para los amigos, vuelve a remover con soltura y desparpajo los posos que se han ido acumulando en el black metal durante estos años con el firme propósito de renovar y aportar nuevos matices y caminos. Construyen sobre una bien asentada y sólida base black metal —ahí están los blastbeats, las guitarras afiladas y a velocidades endiabladas, esa herética atmósfera helada que rodea al black metal— un complejo entramado de sonidos e influencias que no hacen sino enriquecer y aportar valor a toda esa particular visión que del black metal tienen estos noruegos. Tan pronto esa vorágine desenfrenada de guitarras del Mal® se ve interrumpida por quirúrgicas concesiones a la atmósfera y al sosiego lúgubre. Sobrecoge comprobar cómo, de repente, todo se tiñe de extrañas gamas cromáticas y todo desprende un olor desconocido volviéndose el aire espeso y, casi, irrespirable para nosotros, oh, simples humanos. La adición de elementos cercanos al trip hop y a la electrónica —¿hace falta nombrar a Ulver en este punto? Creo que no— con esa querencia sincera por retorcer, exprimir y, sobre todo, explorar los límites del black metal nos regalan auténticos momentos de gloria como sucede, entre otros, en Aphelion World.

La virtud de «A Umbra Omega» reside en su capacidad infinita para explorar sonidos a priori ajenos a ese núcleo black metal que sostiene todo el conjunto. Se añaden y se compensan, pero sin perder en ningún momento esa inconfundible sensación de encontrarnos frente a todo un trabajo de black metal. No es que se limiten a introducir los pies en la orilla de las aguas ajenas al género: se zambullen en mitad de una tormenta de proporciones bíblicas y son capaces de salir a flote con la simple ayuda de su abierta concepción de lo que un género aparentemente tan cuadriculado como el que hoy nos ocupa debe y es, en realidad: un ente que necesita alimentarse y buscar nuevos horizontes para saberse vivo. Black metal de vanguardia, black metal del siglo XXI, black metal-añada-aquí-su-etiqueta-pedorra que es, en esencia, el black metal.

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