Ennio Morricone – Invito Allo Sport (1978)

por Álvaro Mortem

Ennio Morricone - Invito Allo Sport (1978)
Aunque pueda resultar contraintuitivo, entre deporte y música existen muchos puntos de contacto. Ya sea su búsqueda constante de lo emocional —hasta apelar al instinto, ya que remueven algo dentro de nosotros que va más allá del placer intelectual para situarse en una dimensión más orgánica, más inmediata—, su orden físico sin el cual no existirían o que exista cierta épica connatural a sus actos, música y deporte han ido siempre de la mano, siguiendo cada uno su camino pero nunca olvidando lo bien que armonizan cuando son puestos en común. Bailan en el mismo espacio sin llegarse a tocarse nunca, seduciéndose desde la distancia de quienes se saben casi hermanos a pesar de habitar dimensiones separadas.

Abordar un trabajo de Ennio Morricone siempre es peligroso. Ya sea por darse a la adulación ausente de crítica o por caer en lugares comunes sin justificar, hablar de un genio de su calibre siempre es difícil. Su estilo, basado en un sonido orquestal complejo estructurado desde una óptica puramente pop, es tan conocido como difícil de explicar; jamás una de sus composiciones ha dejado de sonar como la perfecta síntesis entre lo bello y lo sublime, entre lo delicado y lo desproporcionado. Son capas superponiéndose, pequeños gestos que parecen grandes movimientos imposibles, con lo que logra el más difícil todavía que siempre exigimos al artista: mostrar su mundo con un trazo mínimo, con una sencillez que ha quedado relegada a los genios de cada campo. Invito Allo Sport, una pieza breve compuesta como banda sonora para una producción sobre los juegos olímpicos, nos sirve para presenciar como logra esos gestos mínimos.

Transmitir es deconstruir. Para saber que es lo que deseaemos expresar, primero debemos conocer que contiene en lo más profundo de su ser aquello que pretendemos transmitir; las obviedades se pagan caras, sólo cuando apelamos a lo más profundo somos capaces de ser sentimentales sin caer en la intelectualización barata. En Marcia Di Vittoria reinterpreta el himno olímpico a través de un generoso despliegue de instrumentos de viento, recreándose en las formas propias de cualquier entrada que se precie de serlo: sencillez, circularidad, repetición. Repetición basada en un ligero aumento tonal en cada nuevo fraseo, lo cual le acerca más al mundo del pop que al de los himnos clásicos. Después sólo queda hilar sobre esa base de deportividad, de competitividad arpegiada por lazos de camaradería, que desarrolla desde el principio. Con todo, hasta Per Stare Insieme —más conocida por una de sus variaciones, Un Amico— no encontramos una pieza digna de su maestría: vientos fuertes, sintetizadores à la krautrock y una melancolía que lo inunda todo. Ni siquiera E Finalmente, brillante en su uso del sintetizador, consigue rayar tan alto.

No hemos visto Invito Allo Sport, pero su carácter queda plasmado a la perfección por el score firmado por Ennio Morricone. Transmite fuerza y vigor, pero también la dulzura y compañerismo que se pretende detrás de los juegos olímpicos; podría ser no la banda sonora de una serie, sino de los propios juegos. Debería serlo si viviéramos en un mundo algo más justo. No costaría sentirse henchido de orgullo al ver a los deportistas del mundo cantando felices bajo la batuta de Morricone, no apenados de no haber podido ganar medallas o representar mejor a sus países, sino de que esta tenga aventura tenga, por fin, que darse por concluida.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: