Limbonic Art – Ad Noctum-dynasty of death (1999)

por Xabier Cortés

Limbonic Art Ad NoctumDefendían los suecos Marduk en una entrevista que para ellos no existía mayor inspiración a la hora de componer dentro del espectro del metal extremo que la de imaginar setenta toneladas de acero apuntando a la cara, en clara referencia a su icónica portada de esa maravilla del black metal titulada «Panzer Divsion Marduk» y a su pasión, a veces rozando lo enfermizo, por esos monstruos mecánicos de acero y muerte. Dentro del black metal, siempre se han buscado referencias en los meandros lúgubres de la humanidad, en lugares fríos e inhumanos y en los recovecos inalcanzables para la razón humana por lo que esa referencia, esa imagen que mencionaba Marduk —un tanque apuntándonos directamente a la cara—, quizá sí sea adecuada para representar al black metal. Pero surge aquí una duda: teniendo en cuenta el carácter no-humano que siempre ha rodeado a la escena, ¿por qué no mirar más allá de lo terrenal y explorar nuevas vías? ¿Por qué no reflejar la brutalidad, lo inhóspito y lo misterioso del Universo como vía para conceptualizar el black metal? Limbonic Art decidió encaramarse a lo alto de esa atalaya del black metal que muchas veces parece enfangada en la tierra, para señalarnos que el Infierno está ahí arriba, en el Cosmos y en Ad Noctum- Dynasty Of Death siguen profundizando en su concepción personal del balck metal como un ente universal, más allá de medianías terrenales.

Cuando nos enfrentamos a Limbonic Art nos invade una constante: el desasosiego. La frialdad de la que son capaces de dotar a sus composiciones este dúo noruego consigue invadir cada músculo de nuestro cuerpo hasta conseguir paralizarnos y sumergirnos en su vórtice cósmico. Juega con nosotros, nos maltrata en las partes disparadas —que no exista reproche alguno por el hecho de utilizar caja de ritmos en lugar de batería humana, ¿acaso hay algo más inhumano que una inanimada máquina escupiendo ritmos a velocidades inalcanzables para el simple humano?— y nos remata con los interludios sinfónicos que encontramos diseminados aquí y allá a lo largo del disco. No hay piedad en Limbonic Art como tampoco existe piedad en el Universo. Nos enfrentaremos cara a cara a todos esos elementos que hacen del espacio profundo un lugar misterioso, lúgubre e inquietante. Nos veremos atrapados en ese juego macabro  que plantean Daemon y Morpheus aquí: el Mal® terrenal no es más que un cuento infantil cuando lo comparamos con la realidad que se esconde ahí fuera; temperaturas incompatibles con la vida humana, fuerzas que serían capaces de despedazar nuestro cuerpo en un abrir y cerrar de ojos y unos mundos inexplorados que puede que el ser humano jamás llegue a conocer del todo. El misterio final.

Frente a los anteriores trabajos, Ad Noctum representa la violencia. Se escuda en un uso quirúrgico e impío de los cánones que ellos mismos erigieron. Elementos que son capaces de detener el tiempo; líneas de sintetizador que se van construyendo sobre otras líneas más profundas y densas que pasan desapercibidas en una primera escucha pero que descubriremos como imprescindibles para completar el complejo entramado cósmico que construyen Limbonic Art aquí. Baterías inhumanas, voces venidas del más allá con su discurso apocalíptico y guitarras afiladas. No hay lugar para la esperanza en el Universo, no existe ese delicado ballet cósmico que se manifiesta ante nosotros con inocencia. No.

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