Arckanum – ÞÞÞÞÞÞÞÞÞÞÞ (2009)

por Xabier Cortés

ArckanumNo es la primera vez que defendemos en esta santa casa la importancia de los proyectos monocefálicos dentro de la música. Proyectos libres, íntimos y que se nos presentan como el reflejo más fiel del individuo, mucho más que el que se consigue en un trabajo completado por una banda ya el disco no debe amoldarse a las diferentes personalidades que lo han dado forma, las composiciones no requieren adaptarse a las inquietudes que encontraremos dentro del grupo. Cuando hablamos de proyectos individuales dentro ya del black metal toda esta libertad adquiere un nuevo matiz al verse rodeada de la oscuridad inherente al género: imaginamos al artista sumergido en sus delirios metálicos refugiado y alejado de toda forma civilizada de vida en mitad del bosque a cubierto en una cueva natural. Así es como imaginamos a Johan Lahger, la persona que se esconde tras Arckanum. Y así nos imaginamos el proceso creativo que ha llevado como resultado final a este ÞÞÞÞÞÞÞÞÞÞÞ; un álbum de black metal con evidente sabor old school pero de este siglo XXI.

Tras este impronunciable y particular título se presenta Arckanum en el que sería el segundo álbum tras su vuelta al circo black metal —con Antikosmos, en 2008— tras su periodo de letargo e hibernación de once años. Mitología nórdica, lenguaje rúnico; gigantes y extraños glifos. Las premisas sobre las que se asienta este álbum son claras y no dejan lugar a interpretaciones vacías: black metal. Un black metal que se pliega sobre su propio universo de soledad, oscuridad y misantropía; un black metal feroz y sucio, peligroso y directo pero que se deja seducir por la melodía —que lo acerca al pagan pero siempre con un pie y medio dentro del black metal— incorporándola a su discurso para terminar de rodear el conjunto que sale de la cabeza de Lahger. ÞÞÞÞÞÞÞÞÞÞÞ abraza el lo-fi cavernoso pero sin resultar en una colección de clichés horteras a los que tan bien acostumbrados nos tienen algunas de esas bandas enmarcadas dentro del unholy black metal. Arckanum no necesita añadir más artificios a su black metal para saberse sincero y completo. Un black metal que recupera esas viejas inquietudes que le llevaron a ser considerado peligroso y perjudicial para la sociedad occidental, un black metal que refleja el odio y el poco cariño profesado hacia la Humanidad como conjunto, como ente y como organización social. Un black metal crudo y veloz; sencillo pero profundo; oscuro y peligroso.

No es casualidad la libertad que se respira en las once composiciones que completan este ÞÞÞÞÞÞÞÞÞÞÞ —once canciones, once glifos en el título, once gigantes, ¿casualidad?—. Libertad que le da el saberse obra de una sola mente, libertad al comprobar que cada uno de los sonidos dispuestos a lo largo de los algo más de cincuenta minutos del álbum ha salido de una reflexión personal y no ha tenido que atender ni adaptarse a los gustos y caprichos de agentes externos. Libertad de entender el black metal con esencia tradicional pero sin miedo a convertir sus sonidos más característicos y reconocibles a las particularidades del siglo XXI sin perder en el camino ni un solo matiz, ni una sola coma de su discurso.

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