Archive – Bullets (2009)

por Álvaro Mortem

Archive - Bullets (2009)Lograr un éxito incontestable es imposible sin asumir la responsabilidad personal de engendrar algo que está más allá del diseño racional. No como acto de locura o genio, sino de sensibilidad. Haber asimilado de forma natural todo aquello que constituye el arte que cultivamos, nuestra propia existencia y saber encontrar el punto exacto donde se sintetizan de forma natural en nuestro inconsciente, sin saber demasiado bien cómo hemos logrado semejante combinación, es la única receta válida para lograrlo. En el éxito siempre existe una pequeña parte de incertidumbre. No importa cuanto nos esmeremos en hacer una obra vendible o interesante, siempre existe un 1% de misterio que sólo puede darse por fuerzas más allá de nuestro control.

Archive nunca han sido un ejemplo de éxito. Viviendo a la sombra de Massive Attack, sus tendencias más próximas a las fuerzas vivas dentro del trip-hop nunca terminaron de sintonizar con un público con querencia por los sonidos oscuros y lánguidos. Ellos eran demasiado etéreos, demasiado pop; tenían la fuerza, tenían la estética, pero les faltaba algo. Ese algo era Bullets. Con una letra reiterativa, basada en un estribillo que ocupa la (casi) totalidad de la segunda mitad de la canción, una duración excesiva, yéndose a los seis minutos en un mundo donde los singles no pueden durar más de cuatro en los casos más excesivos, y un estilo grandilocuente y retro antes de que se pusiera de moda, la combinación resulta efectiva por lo que tiene del himno pop del cyberpunk: directo, místico, brutal. Como una bala directamente incrustada en nuestro lóbulo frontal cortesía de un Ceska Zbrojovka SR-449 disparado por un antiguo ciberpandillero vestido de Armani que se hace llamar Alighieri después de haber pasado por la universidad.

Rápida, efectiva, reiterativa. Sin monsergas. No necesita nada, ni siquiera tener un trabajo consistente de contexto detrás, porque se vale por sí misma: no importa que Archive no haya conseguido firmar algo tan redondo otra vez o que la canción sea un anacronismo de unos 90’s jugando a ser la idea que se tenía de los 00’s en los 80’s, porque es perfecta tal y como es. Es tan directa como salvaje, un asalto frontal sin meditación ni cálculo previo, una lluvia de balas tan certera que parece el trabajo de un francotirador experimentado. Aunque no lo sea. Aunque sea fruto de una bala perdida que ha dado en el blanco no sabemos si por casualidad o por haber vaciado un cargador como método estratégico, pero el fiambre está felizmente sorprendido mientras los chicos de medicina forense estudian sus restos como una singularidad sorprendente. Y lo sabemos sólo por una cosa: nosotros somos ese cadáver fruto de un prodigio incomprensible.

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