And One – Frontfeuer (2006)

por Álvaro Mortem

And One - Frontfeuer (2006)A veces no es necesario ser original, ni siquiera pretender serlo. Existen artistas que se sienten cómodos repitiendo de forma constante la misma fórmula, dedicando su vida a la búsqueda de ese último detalle que haga perfecta la obra, dando vueltas sobre una misma idea hasta conseguir pulir toda mínima arista que pudiera existir en ella; herederos de herederos, artesanos del arte, su función es sorprendente sólo en retrospectiva: ponen su vida en juego por un concepto que dejarán por concluir en manos de discípulos que nunca llegarán a conocer. Son estirpes dominadas por la idea, no por la pretensión de revelarse en el arte, abrazando con entusiasmo el esclavismo creativo que se transmiten entre generaciones de artesanos.

And One siempre se han mostrado impermeables ante los cambios epocales, los cambios en las modas y las formas, no tanto porque siguieran su propio camino como porque debían seguir el que dejaron sólo en parte cartografiados otros: Depeche Mode. Eso explica su synthpop ochentero —aunque lejos del revival actual del género, ya que de ningún modo estarían emparentados con Kavinsky o College— cruzados por referencias EBM que les acercarían a las pistas de baile desde su lado más goth. En ese sentido, Frontfeuer no sorprende. Es más duro, más sobrio, pero su esencia sigue siendo lo que podríamos encontrar en la electrónica amable de Depeche Mode. Es cierto que en ocasiones eligen ligeros despuntes en forma de chiptune (Master Master) o de electrónica cuasi ravera (A Kind of Deutsch), pero en ningún caso se sienten como objetos de experimentación, mas al contrario se nos antojan como una parte esencial del discurso. Como si siempre hubiera estado ahí.

Aquí la clave son los sintetizadores. Lo que añada en paralelo Steve Naghavi es poco importante, los sintetizadores siempre sonarán en el tono exacto que permite mimetizar ese sonido tan peculiar que ha heredado de sus maestros del siglo pasado. Coge sonidos bailables y los lleva hasta su campo, incluso cuando a priori son combinaciones anacrónicas o imposibles; se introduce en terrenos pantanosos, en algunos casos directamente ignotos, pero siempre consigue hacer algo familiar incluso con un puñado de elementos extraños porque su catalizador es lo suficientemente poderoso. El problema es que tampoco llega a sorprendernos nunca. O nos gusta o no nos gusta, pero es difícil que un trabajo de And One cambie nuestra perspectiva sobre el grupo. ¿Pero quién necesita sorpresas, montañas rusas, secretos desvelados, cuando hablamos de artesanos que van pasando su fuego de mano en mano para nunca dejar de buscar la quimera de la perfección?

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