Therion – Secret Of The Runes (2001)

por Xabier Cortés

TherionNo es ningún secreto que el metal de corte más tradicional siempre ha tenido en los grandes compositores clásicos de los siglos XVII y XVIII una influencia y un espejo en el que mirarse. No hace falta recordar la enfermiza obsesión del guitarrista sueco Yngwie Malmsteen por los virtuosos desvaríos á la Paganini como tampoco será necesario recuperar de la memoria los escarceos del power metal de machacón doble bombo y de vertiginosos fraseos a la guitarra con la música sinfónica, siendo Rhapsody —o alguno de los nombres bajo los que se encuentre ahora mismo tras las desavenencias entre Turilli y Staropoli— uno de sus máximos exponentes. Aún y todo, surgía en los años noventa un movimiento que buscaba acercar, más si cabe, la agresividad del sonido metálico a la belleza épica de las composiciones clásicas. Un movimiento en el que grupos como Haggard o Therion encontraron en los aires sinfónicos la pieza que les faltaba para completar su particular visión del espectro metálico.

Lo que comenzara en Therion, bajo la siempre firme batuta de Christopher Johnsson, como un proyecto en el que los desarrollos sinfónicos se construían alrededor de un metal correcto y de marcado toque escandinavo, explotó en este Secret Of The Runes en epítome del género. Para este trabajo deciden escudarse en la siempre socorrida y sobre-explotada cosmovisión vikinga para construir una obra conceptual en el que la grandilocuencia y la majestuosidad de su metal sinfónico alcanza un nuevo estadio. Coros épicos que barnizan de oscuridad lo justo para acentuar los giros dramáticos de las composiciones, desarrollos metálicos contundentes y, ahora sí, compartiendo protagonismo con unas variaciones clásicas que ya no apreciamos como complemento artificial a la columna vertebral del grupo; ahora es parte de la médula ósea del mismo. El riesgo que corre Therion obtiene recompensa en un trabajo sólido y que nos ofrece momentos de verdadero éxtasis épico sin caer en los desvaríos propios de esos grupos a la Nightwish que añaden el componente clásico a su (power) metal como quien añade salfumán a un  marmitako. También es cierto que Therion quema en la primera canción su principal arma y descubre en ese Ginungagap de algo más de seis minutos de duración todos los secretos que se creían a salvo en el resto de composiciones haciendo que el conjunto pierda empaque y sentido de la maravilla pero no por ello convirtiéndolo en un trabajo menos, es más, Secret Of The Runes se debería convertir, si no lo ha hecho ya, en una de las piezas claves de la extensa discografía de los suecos.

Tras este más que correcto Secret Of The Runes llegaría el cambio de rumbo de Sirius B / Lemuria y demás referencias en las que Johnsson y sus huestes devienen en un pastiche heavy metal sin ningún atisbo de originalidad manchado aquí y allá con ese estilo sinfónico y épico que les hiciera únicos en su día. Eso sí, siempre nos quedará el recuerdo de este desarrollo conceptual sobre los mundos que conforman el universo vikingo. Menos mal.

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