Atrium Carceri – Metropolis (2015)

por Xabier Cortés

Atrium Carceri - MetropolisUno de los males que (dicen) afecta al dark ambient es el del inmovilismo: la repetición de los elementos sonoros propios del dark ambient puede dar como resultado obras que, en una primera escucha, nos traigan a la memoria otros trabajos editados bajo este epígrafe. Ocurre que el dark ambient nos exige una implicación más profunda; el dark ambient nos invita a dejar de lado el frenesí típico de una sociedad moderna en la que la prisa es su razón de ser y en la que el tiempo se ha convertido en un bien infrecuente. El dark ambient no nos va a ofrecer hits espectaculares de poso difuso, no busca los fuegos artificiales, no quiere espontaneidad y, desde luego, tampoco nos va a presentar composiciones sencillas y simples. No. El dark ambient exige tiempo para que se vaya desplegando, tiempo para que los sonidos que lo conforman vayan creando a nuestro alrededor el caldo de cultivo correcto en el que al final, y sólo al final, explote sus (muchas) fortalezas. Desde que Atrium Carceri irrumpiera en la escena en 2003 con aquella obra compleja y claustrofóbica —Cell Block—, Simon Heath ha ido desarrollando el particular universo sonoro, estético y conceptual de su dark ambient hasta llegar a este Metropolis.

Convertido en uno de los pilares maestros del movimiento dark ambient gracias a su impecable labor bajo los monikers de Atrium Carceri y Sabled Sun, y, también, gracias a su implicación en la escena de su sello Cryo Chamber —que nos ha traído valores importantísimos dentro del pequeño universo del dark ambient como Ugasanie, Alphaxone o Halgrath—, es motivo de celebración la edición de un nuevo capítulo en esa complicada y densa historia que rodea a sus álbumes. Metropolis comienza su narración allá donde la dejara The Untold: nos presenta un universo frío, oscuro y tenebroso. Una atmósfera idónea para desarrollar esa mezcla precisa de sonidos ambientales con un marcado espíritu decadente y apocalíptico. Vuelven esas melodías lúgubres que encontrábamos en Reliquiae a la vez que encontramos a nuestro narrador y su voz profunda e inhumana ofreciéndonos detalles de lo que ocurre a nuestro alrededor. Metropolis se desarrolla de forma natural como ente individual, pero es cuando lo situamos en el contexto de las obras de Atrium Carceri cuando realmente explota su potencial y nos arrastra a ese plano visual del que no éramos conscientes hasta ahora. Drones inmensos que soportan la mayor parte del peso narrativo del álbum y que se complementan con inquietantes y demenciales interrupciones en forma de field recordings (grabadas dentro de alguna suerte de estructura extraterrestre entre lo orgánico y lo mecánico). Un conjunto atmosférico que vuelve a situar, si es que alguna vez lo abandonó, a Atrium Carceri como el máximo exponente del dark ambient de este siglo XXI.

Metropolis va calando poco a poco en nosotros; se convierte en un extraño y viscoso ser biomecánico que nos va rodeando a medida que nos adentramos en sus particulares giros, quiebros y paisajes. Nos golpea con sus sencillas melodías, nos guía con los sonidos limpios de ese piano decadente que aparece aquí y allá para reforzar la narración y nos posee finalmente hasta hacernos suyo. Metropolis aclara lo que apreciábamos en The Untold como un leve giro estilístico: el dark ambient de Atrium Carceri se vuelve más sofisticado y se adentra más y más en una historia plagada de oscuridad.

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