Leprous – The Congregation (2015)

por Xabier Cortés

leprous-the-congregationCuando intentamos un acercamiento frontal al metal progresivo que se está desarrollando en los últimos años resulta descorazonador encontrarnos con una ingente cantidad de bandas que siguen empeñadas en perpetuar hasta el tedio el sonido creado por los maestros norteamericanos Dream Theater. Nos encontramos con álbumes repletos de guiños técnicos más o menos espectaculares y composiciones alargadas en exceso con el (parece) único objetivo de servir de portafolio de las habilidades técnicas de cada miembro del grupo. El mensaje se pierde o, por lo menos, queda difuminado por el despliegue de virtuosismo descontrolado convirtiéndose así en una colección aséptica de canciones frías que nos recuerdan más al frío metal de la sala de autopsias de una morgue que a un álbum que se enmarca dentro de una de las ramificaciones más interesantes del género metálico. Afortunadamente para nosotros, existen grupos que deciden enfrentarse a toda esa horda de doppelgängers  del combo de Petrucci y compañía para construir su particular universo progresivo con esa querencia por llegar más allá y exprimir los límites del sonido. Grupos como los noruegos Leprous, que han conseguido añadir a su sonido —y a su última referencia, The Congregation— matices y quiebros que lo descubre como un álbum genuino de metal progresivo, con todas las letras.

Leprous entiende el metal progresivo como algo que va mucho más allá de una simple colección de delirios técnicos y derrapes virtuosos; entiende el prog metal como un sandbox, una caja en la que experimentar dentro del género porque es ahí precisamente donde se encuentra la verdadera esencia del metal progresivo: retorcer los ritmos, exprimir las melodías y quebrar el tempo. Leprous asimilan gestos y movimientos que encontramos tanto en el metal extremo como en en rock de corte más épico hasta hacerlos suyos y completar su impenetrable maraña de sonidos que los acercan a los suecos Pain Of Salvation más que a los norteamericanos Dream Theater. Técnicamente impecables, por supuesto, pero encontrando un sentido y una reflexión tras cada uno de los sonidos que completan el álbum: no chirriarán elementos añadidos al azar aquí porque todo elemento que nos presenta Leprous será susceptible de interpretación por nuestra parte y se requiere un meticuloso trabajo de reflexión y acción para que nada quede en manos del azar caprichoso. Tampoco encontraremos sobreproducciones innecesarias, pero aun así estamos frente a un trabajo complejo que requerirá de nuestra atención para descifrar los enigmas y delirios sónicos que ante nosotros presentan estos noruegos. Encontramos oscuridad, como no, pero en esta ocasión no será esa oscuridad densa y cerrada de sus anteriores Coal o Tall Poppy Syndrome: Leprous ha querido añadir puntos de luz estratégicamente colocado a lo largo de sus doce composiciones —once más una bola extra, en realidad—.

The Congregation huye del cliché proggie que tanto ha aportado pero tanto daño está haciendo al metal progresivo hoy en día pero no sólo eso: también es capaz de asimilar y hacer suyas referencias sonoras y estilísticas ajenas, algo que subraya el espíritu arriesgado y avantgarde del álbum. No resulta complicado perderse en el laberinto sonoro que construye Leprous ante nosotros pero resultará irremediablemente complejo salir de él: nos dejaremos llevar por la oscuridad de sus composiciones mientras veremos a lo lejos una pequeña luz que nunca llegaremos a alcanzar. O sí.

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