Ryan Amon, Tsukasa Saitoh – Bloodborne OST (2015)

por Álvaro Mortem

Ryan Amon, Tsukasa Saitoh - Bloodborne OST (2015)Todo sonido es dependiente de aquello que pretende transmitir. Si quisiéramos saber cómo suenan nuestras pesadillas tendríamos que establecer un patrón lógico a partir del cual se generan, conocer nuestros miedos más profundos y atávicos; en el momento que conociéramos ese germen primordial, desactivando parcialmente su poder aterrador en el proceso —dado que podríamos conocer aquello que no funciona en nuestra vida, o al menos aquello que nos sitúa ante la posibilidad de encontrarnos ante el terror—, podríamos definir un patrón musical coherente con las mismas. Si la forma siempre es dependiente del contenido, entonces la auto-consciencia es necesaria para poder explorar de forma óptima aquello que creamos.

Es imposible hablar de una banda sonora sin hablar de la obra a la que complementa. En el caso de Bloodborne, más todavía. Las piezas compuestas por Ryan Amon y Tsukasa Saitoh se han salido del canon estético clásico de la BSO contemporánea, el acompañamiento emocional de las escenas —enfatizando aquello que debemos sentir en cada ocasión, no dando replica a lo que ocurre con las imágenes; la música como subrayado de los sentimientos, no como canon artístico—, para devenir en un complemento narrativo del juego, ya que acompañan al subtexto que intenta transmitir. Aun con una base común, no es lo mismo Cleric Beast que Ebrietas, Daughter of the Cosmos: comparten coros épicos con una sección de cuerdas particularmente activa, pero donde la primera tiene un claro componente eclesiástico la segunda se decanta por un estilo más próximo al de la clásica banda sonora de una producción gótico-medieval. Lo mismo va para Lullaby for Mergo, una perturbadora nana muda digna del mejor cuento de terror.

Aunque se puede disfrutar por separado en tanto tiene una coherencia musical perfecta, la banda sonora de Bloodborne destaca de forma particularmente ominosa para lo que ha sido concebida: para sonar durante el juego. Todas las referencias hacia la sangre, el nacimiento o la divinidad se ven enfatizadas por acciones que, sin abandonar nunca el tono épico, tienen una querencia particular por las melodías lentas, pero agresivas, puntuadas por temas de coros místicos para los enfrentamientos contra los enemigos más importantes. Enemigos a los cuales derrotamos al tiempo que aparece el epígrafe «pesadilla eliminada». Porque si bien Bloodborne es una obra de arte, su BSO ya establece la propia narrativa subyacente del mismo: la muerte, la sangre, un mundo de pesadilla devenida desde la mente de una divinidad enferma y, para acabar, el oscuro nacimiento de algo desconocido. Quizás nuestro propio nacimiento. En cualquier caso, la pesadilla de un baño de sangre perpetuo al cual llamamos mundo.

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