Liturgy – The Ark Work (2015)

por Xabier Cortés

Liturgy¿Vale todo en el black metal? Vivimos en una época en la que la música abraza los extremos, un tiempo en el que se rebaña en el underground y la subversión para construir un diálogo que en ocasiones no tiene claro su discurso: se escudan en el magnetismo de las corrientes musicales subterráneas para rodearse de un halo Maligno® con el pretenden servir de instrumento provocador. Ocurre que en ese anhelo por crear un discurso diferente basado en principios ya explorados, se cae en la anécdota y, por qué no afirmarlo, en la narración vacía. El black metal ha sufrido, y sufre, de esta anomalía; su discurso se ve manipulado en pos de un objetivo que no está claro porque simplemente no existe. Un objeto de provocación se convierte en manos de unos pocos —cada vez más, eso sí— en un compendio de composiciones pretenciosas amparadas en el espíritu alternativo y outsider del movimiento. Liturgy moldea a su antojo y con manos torpes el discurso del black metal para convertirlo y pervertirlo en lo que ellos han denominado transcendental black metal.

Liturgy intenta encontrar dentro de su pretendido muro sónico una experiencia claustrofóbica propia del noise pero sólo acierta a conseguir una amalgama incoherente de elementos que parecen haber sido colocados sin haber seguido un criterio claro. Al desvarío metálico habitual se le unen elementos sintéticos que fallan en su objetivo: no ayudan a construir una base sólida y coherente sobre la que asentar un discurso propio. Liturgy ni siquiera se molesta en abarcar géneros; se escuda en una supuesta experimentación y cae en uno de sus vicios imperdonables: no sigue un plan concreto. The Ark Work comienza con lo que parece ser una fanfarria pretendidamente marcial que de haberse desarrollado de otra manera podría haber servido de magnifica puerta de entrada hacia el particular universo de Hunter Hunt-Hendrix — capítulo aparte merecería el análisis de las inquietudes y, sobre todo, las decoraciones llenas de lugares comunes e impropio espíritu trve blacker de este hombre— que termina por explotar en una gran y ruidosa, en el mal sentido, supernova sónica que no deja poso, que desaparece con la misma virulencia con la que aparece ante nosotros. Con todo, encontramos momentos en los que el juego con los sintetizadores parece arrancar un pequeño hilo de esperanza, y que de haber tenido algo más de peso en las composiciones, podrían haber enderezado el rumbo del álbum convirtiéndolo en una suerte de Celestite, de Wolves in The Throne Room —salvando las evidentes distancias en favor de los segundos, vaya esto por delante—, como sucede en Follow II, pero que rápidamente hace aguas precisamente por esa molesta constante que encontramos en el álbum: la falta de un discurso claro.

La experimentación sin un criterio y un plan claros no se convierte aquí, por arte de magia, en una obra compleja e interesante, au contraire, esta experimentación no hace más que acrecentar las lagunas en su concepción y ésta no se convierte en real por mucho que Liturgy se empeñe en citar a Swans y a Lightning Bolt como referencias. Porque si algo nos han enseñado Pyramids, Yoga y otros proyectos que abrazan la experimentación con criterio dentro del black metal es que ésta no tiene sentido si no encontramos nada más allá de su superficie.

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