Ghost – Opus Eponymous (2010)

por Álvaro Mortem

Ghost - Opus Eponymous (2010)Existe cierta tendencia ocultista inherente al arte. Si bien en ocasiones eso es sinónimo de prácticas esotéricas, en otras muchas deberíamos entender la querencia de algunos artistas por esconderse; esconder la identidad, esconder las referencias: tanto da, cuando lo que acaba siendo relevante es lo que se oculta por encima de lo que se muestra. Dado que la labor de todo crítico es una labor ocultista, ya que debe desentrañar aquello que se considera esotérico, propio de iniciados —o lo que es lo mismo, explicar el arte para aquellos que pueden no entenderlo—, esa tendencia al ocultamiento resulta irónica; cuando se ocultan los valores artísticos, lo que puede ser un razonable truco de ilusionismo se convierte en una estafa por pretender hacerlo pasar por algo más elevado o auténtico, por magia. Y eso resulta inaceptable.

Dado el interiorizado clasismo contra cualquier cosa que suene pop o electrónica dentro del metal, el éxito de Ghost resulta sorprendente. Por no decir que irónico. Con Abba y Depeche Mode como principales referencias, con momentos que suenan como una versión instrumental y ligeramente más oscura de cualquier tema de Muse (por ejemplo, Genesis), teniendo al guitarrista de los muy blandos Crashdïet por líder, clasificar de metal el trabajo de Ghost porque toquen temas ocultistas se hace bastante difícil. Si es que no directamente risible. Si ya desde el título su afán culteranista resulta patético —llamar a un primer disco Opus Eponymous (Obra a la que da nombre en una traducción literal, refiriéndose a la tendencia de que el primer trabajo se llame como el grupo) es lamentable incluso en un sentido irónica; por otra parte, tampoco se puede esperar más de quien se hace llamar Papa Emeritus—, cuando rascamos la superficie nos encontramos lo evidente: un grupo blando, sin dirección ni continuidad, que se hace llamar metal por tener bajos heredados del doom y baterías mal asimiladas desde el black. Una estafa.

No se puede decir que Opus Eponymous sea un mal disco. No lo es. Su problema es su travestismo, su pretender ser aquello que no son ni quieren ser, para llegar hasta un público que, en el proceso, ha demostrado tener un criterio más que discutible. Si el adepto al metal, a la música oscura incluso, siempre ha sido un ente cerrado, auspiciado dentro de un canon de Lo Trve ridículamente selectivo, con Ghost se ha dedicado a defender como epitome último de su cultura, casi como una suerte de escatología metálica, un trabajo que es una mala versión malditista de ABBA. Dentro del canon pop, que es donde realmente se mueve, Opus Eponymous no pasa de ser un trabajo tan agradable como mediocre. Y en términos de espectáculo, risible. Pero por lo visto esa cultura de lo auténtico se sustenta sólo sobre apariencias endebles, sobre asumir códigos visuales básicos sin ahondar en ellos e ignorar cualquier referencia musical más allá del ABC más esencial, por lo cual tenemos mucho que agradecer a Ghost. Han hecho patente la irónica normalidad de todos aquellos que se declaraban diferentes: oscuros del mundo, vuestros grupos ya son carne de Eurovision.

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