Susumu Yokota – Symbol (2005)

por Álvaro Mortem

Susumu Yokota - Symbol (2005)El arte se ha sustentado siempre sobre el robo, sobre la apropiación de lo ajeno. Aunque la música ha convertido esa tendencia en una técnica elemental de composición, el sampleado, a lo largo de toda la historia del arte es natural encontrar cómo los artistas se apropiaban de elementos, estéticos o narrativos, de obras anteriores como material base a partir del cual trabajar sus propios conceptos. No existen obras enteramente originales. Todas beben de aquí y de allá, por más que el tiempo o nuestro desconocimiento acaben por sepultar los guiños, las referencias, los robos; no ha pisado jamás la tierra un artista que no deje a deber algo a algún otro artista anterior.

Aunque el uso de samplers ha sido propio de la música pop en general y de la música electrónica en particular, nada impide poder extenderlo al resto de campos. Con eso en mente Susumu Yokota hace Symbol, un fascinante ejercicio de apropiacionismo de composiciones orquestales de música clásica; de Tchaikovsky a Saint-Saëns pasando por Cage o Beethoven, convierte melodías clásicas en una especie de composiciones ambient de aires chillout con pequeñas pinceladas noise. El resultado es de una belleza tímida, no del todo alejado de los recopilatorios que violan a Beethoven convirtiéndolo en un compositor new age al introducir bases electrónicas en sus obras, incluso cuando funciona más como ejercicio intelectual que musical. Cosa inevitable, por otra parte: todos los sampler seleccionados son de canciones fácilmente reconocibles.

Ahí radica su diferencia fundamental. Mientras los samplers en electrónica suelen ser o bien ígnotos o bien difíciles de reconocer para un oyente no-atente, aquí está todo a la vista: su robo es tan descarado, tan evidente y desnudo, que si bien podemos jugar a intentar averiguar de dónde ha salido qué, ese divertimento se agota pronto: son composiciones archiconocidas, reconocerlas carece de cualquier clase de mérito. Y cuando eso ocurre, podemos empezar a recrearnos en su belleza. El único problema es que en sus mejores momentos recuerda a una versión pomposa de Lullatone, en los peores a un delirio neo-clásico de un fanático de Aphex Twin, lo que acaba convirtiendo a Symbol en un trabajo menor, una curiosidad, una joya en bruto que, a falta de trabajo, sólo puede ser admirada por lo que podría haber llegado a ser, pero no por lo que es. Al fin y al cabo, robar a los maestros no significa ser tan bueno como los maestros.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: