Oh, Yoko ‎– I Love You… (2013)

por Álvaro Mortem

Oh, Yoko ‎– I Love You... (2013)Cada vez sentimos menos respeto por la infancia, la fantasía, el amor incondicionado por las cosas que nos rodean. Sumergidos en mitad de una lógica economicista, hemos pasado a valorar todos los aspectos de nuestra vida desde el punto de vista del rendimiento, de la utilidad, dejando en segundo plano cualquier forma de vida que no implique un beneficio tangible inmediato; todo lo que implique sólo diversión o gasto improductivo se considera infantil, tonto o ridículo, reduciendo así todo aquello lo que no sea férrea maquinación mercantil al papel de algo secundario e indeseable. Sólo la griseidad genera respeto. Como si de repente «infantil» o «fantástico» se hubieran convertido en conceptos indeseables.

Un recuerdo, una fotografía antigua, un pequeño gesto inesperado. Eso son el tipo de cosas con las que es posible comparar I Love You…, una declaración de amor pequeña, tímida, como escondida entre las páginas de un libro hace ya mucho tiempo olvidado en la estantería. Con un tono indie pop netamente occidental con influencias electrónicas más cercanas al lejano oriente, suena como una versión tímida y gentil de unos Tenniscoats más susurrantes; el disco posee una singular extrañeza, cercana y lejana al mismo tiempo, como si su nostalgia fuera un acontecimiento contagioso. Porque lo es. Toda su música tiene ese extraño sabor de los recuerdos, no tanto de lo ya escuchado como de las experiencias que saben añejas incluso cuando sabemos que no son nuevas. Como si hubiéramos vuelto hacia algún momento de una infancia ideal o al beso de una amante que nunca existió. Su belleza radica en su condición de fantasmagoría, de puro recuerdo, transmitiéndonos esa sensación de poder recordar incluso aquello que no podemos recordar, porque no es sino pura abstracción.

No debería extrañarnos esa capacidad nostálgica enraizada en lo más profundo de su corazón. Utilizando instrumentos vintage y juguetes además de sintetizadores, logran conformar un peculiar marasmo de nostalgia donde todas las sensaciones van derivando de forma natural unas de otras: al introducirnos en en I Love You… más que un recuerdo o sensación concreto, lo que evocamos es un todo un paisaje de memorias posibles. La posibilidad de la introspección. De ahí que sus aires lo-fi, sus letras recitadas y su composición circular se introduzca en nuestra cabeza hasta apoderarse de lo más profundo de nuestros sentidos, sumergiéndonos en un estado hipnagógico constante. Nos encierra en el terreno de la fantasía, la infancia y la nostalgia. De ahí que podamos sentir detrás de todo no sólo belleza o melancolía, sino ciertas gotas de dolor no tanto por lo perdido como por lo recuperado: el recuerdo, aquello que supura siempre de las heridas que no se pueden terminar de cerrar jamás.

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