Asobi Seksu – Citrus (2006)

por Álvaro Mortem

Asobi Seksu - Citrus (2006)En ocasiones nos pueda parecer que la amargura desemboca necesariamente en el odio o en el resentimiento, cuando no directamente en esa desagradable sensación de que necesitamos escapar o arrojar lejos aquello que nos produce esa sensación, existen ocasiones en que también sirve para templar nuestros ánimos, para ver las cosas con cierta distancia; no existe nada que esconda sólo amargura, que no tenga un poso de aroma o dulzura oculta. Aunque es difícil acostumbrarse al sabor amargo, también podemos descubrir en él una especial forma de placer: aquella asociada con el secreto, con lo que no se puede comprender si no es desde la metódica experimentación.

No existe una geometría de los sentimientos, una ciencia exacta de cómo reaccionamos ante cada situación posible de nuestras vidas. Es algo natural. En ese sentido, Citrus de Asobi Seksu tiene un hombre particularmente apropiado: como una naranja o una mandarina, tiene diferentes capas por las cuales apreciar su sabor. Si quitamos la piel, si nos dirigimos directamente hacia la pulpa, nos encontramos algo jugoso, repleto de dulzura; allí se situarían sus tres singles, tres piezas de orfebrería pop que podrían aparecer sin sonrojo en cualquier lista de las canciones más pegadizas de su tiempo. Con una sólida estructura shoegaze, aunque con un incuestionable aire indie pop, se antojan, en apariencia, canciones de fácil digestión. El problema es cuando ahondamos en el conjunto de la pieza. Sus otras canciones presentan también tonos amargos, haciendo un énfasis mayor en una instrumentación compleja, riquísima en detalles, que ya resulta más difícil de digerir. Comenzamos a descubrir que la cáscara, extremadamente amarga si cometemos la imprudencia de probarla, oculta una verdad esencial de lo que contiene: aquello que ejerce de armadura determina también aquello que contiene.

A veces necesitamos un trago amargo para tomar distancia. Si consideráramos el valor de un cítrico exclusivamente por su dulzura siempre habría alternativas más agradables, lo cual incluye el trabajo de Asobi Seksu. Cuando ahondamos en sus canciones, ya sea en los fuegos artificiales de New Years o en las frágiles piezas de sutilidad que conforman Thursday, nos damos cuenta poco a poco de que algo va mal, de que existe una disonancia intencionada entre lo que parecen querer transmitir y la elección de algunos arreglos. Exceso de baterías, pequeños fragmentos de ruido blanco, breves gritos o susurros. En el fondo con canciones amargas que, si bien parecen dulces o felices, son la sonrisa que se esgrime para no hacer más difícil todavía algo que ya nos está matando por dentro de por sí; son la carta triunfal no del cisnismo o de la ironía, sino de la amargura: la incapacidad de seguir adelante, de hacer como si el mundo no nos hubiera pisoteado hasta un punto irreparable. Y de ahí que sean canciones tan bellas. Incluso pisoteados, heridos, destruidos más allá de lo concebible, Asobi Seksu esconden de algún modo un fondo amable, una cara dulce; un gusto adquirido que sólo es posible viendo más allá de las heridas, comprendiendo que un alma remendada en mil jirones es más hermosa que cualquier bellísima alma pura que todavía no ha conocido el dolor.

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