Mono – Hymn to the Immortal Wind (2009)

por Álvaro Mortem

Mono - Hymn to the Immortal Wind (2009)

A veces la crítica musical peca de concebir la música como si fuera un objeto puro, esencial, indefinido e inaprensible en medio de la nada. Algo que no es cierto. En la música existen patrones, reglas e intenciones, existe la posibilidad de interpretar la música, en tanto sólo puede existir música en tanto existen personas que la escuchen o la compongan. Si consideramos que toda creación artística es un intento de comunicarse con los otros, considerar que la música, una forma artística, nace de una abstracción natural ajena al ser humano es darle una consideración menor de lo que es. En la música siempre hay apreciaciones, sentimientos e ideas, elementos que siquiera existirían si no hubiera una mente para percibirlos.

En el caso del post-rock, reflexionar sobre el género pretendiendo que es un ejercicio de virtuosismo etéreo desconectado de toda realidad ya ha alcanzado la categoría de lugar común. Todavía más en el caso de Mono. En Hymn to the Immortal Wind apuestan por un estilo más agresivo, más directo, con brevísimos interludios —o, en cualquier caso, lo que podemos considerar como breve en un género cuya media rara vez baja de los siete u ocho minutos por pieza— de composiciones más melosas, rozando lo pop; eso nos pone en la obligación de no considerar el disco como una consecución de retazos independientes, de temas cerrados dentro de una recopilación más o menos coherente, sino como un todo perfectamente hilado que origina un contexto propio entre canciones. Salvo la estimable excepción de Follow the Map, todas las canciones siguen el patrón que marca, ya desde el principio, Ashes in the Snow: preludio melódico que adelanta la forma del subsiguiente estallido en forma de progresión constante hacia el vacío.

El vacío es igual a la forma y la forma es igual al vacío. Así comienza el sutra del corazón, el cuál pretendería comunicarnos que no existe ninguna forma esencial de las cosas, actos puros por sí mismos, sino que todo lo que sentimos o percibimos es dependiente de la mediación que hace el mundo sobre las cosas; no existen acontecimientos objetivos, sino que todo está determinado por su contexto. Ese es el vacío que logra transmitirnos Mono. Aunque su referencia más evidente para Hymn to the Immortal Wind sea el compositor polaco Henryk Górecki —tanto que, en directo, Ashes in the Snow es preludiada por un fragmento de su tercera sinfonía—, no es difícil seguir aquello que señala su forma: sturm und drag, romanticismo, Beethoven, cuento de hadas, angustia existencial, melancolía. Todo ello a través de una forma que remite siempre hacia todos esos conceptos sólo a través de sí misma, hacia un vacío que es la relación con otra infinidad de formas.

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