Akauzazte – Etzazuaka (2015)

por Xabier Cortés

AkauzazteEl ruido sin entorno no es nada. La abrasión sin contexto no es más que un ejercicio de violencia interesante, pero vacío. Es el entorno el que completa el fin del ruido: naturaleza, industrialización, paisajes muertos, contextos vivos. Es en esta exploración de nuestro dominio más cercano en donde encontraremos el sentido de ese Ruido. Ruido que se convierte en ambiente áspero para rápidamente presentarse ante nosotros tomando la forma de un mantra afilado que penetra sin dificultad en esa parte del cerebro a la que nada se acerca. No es casualidad que fuera un matadero —de la localidad gipuzkoana de Azkoitia concretamente—, el entorno en el que viera nacer este proyecto euskaldun. Matadero reconvertido en espacio creativo que lleva explorando desde mediados de los años noventa diferentes formas de expresión, diferentes formas de edición, diferentes formas de distribución y, en definitiva, diferentes formas de entender el proceso artístico desde un prisma más justo y solidario y, sobre todo, lejos de la (casi) siempre venenosa industria musical. Akauzazte ha sido (y es, desde luego) pieza angular e imprescindible de la escena noise rock ruidista de Euskal Herria y su última referencia hasta la fecha, Etzazuaka, llega para convertirse en vara y azote  de convencionalismos y mentes obtusas.

Parte imprescindible del colectivo arto-artian, Akauzazte han desarrollado sus diferentes obras en ese entorno rico en creatividad que es el Matadero de Azkoitia. Convertidos desde su fundación a principios de los años noventa en referencia clara de esa otra escena musical de Euskadi, esa alejada de las verbenas de las fiestas y de las radio fórmulas locales. Una escena en comunión con su entorno, sabiendo explorar la vertiente natural de los misteriosos y sobrecogedores paisajes boscosos del interior de Gipuzkoa y encontrando la réplica en los paisajes oxidados y muertos que la industrialización dejó en estas tierras. Dos caras que Akauzazte explora en este álbum, con un pie, aunque de forma tangencial, en la cosmovisión vasca —y sus múltiples manifestaciones en forma de personajes mitológicos grotescos e hipnóticos— y el otro enredado en una maraña de óxido rodeado de estructuras humanas de construcción imposible. Sonidos orgánicos y brumosos que se enfrentan al frío y a la aspesia industrial son las que enhebran las estructuras de las quince composiciones de este álbum que se desenvuelven sin artificios extraños ni impostados entre ese rock ruidista de vanguardia cuya referencia innegable serían Michael Gira y sus Swans pero que también hace ojitos —gracias a ese espíritu do it yourself y (más) arriesgado— a los primeros Einstürzende Neubauten y que, por supuesto, tampoco le hace ascos al folk con al inclusión de diferentes instrumentos autóctonos, como sucede en Anuki y esa hipnótica alboka que nos va poco a poco sumergiendo en un trance entre lo rítmico y lo tribal.

No descubrimos nada si afirmamos que este Etzazuaka de Akauzazte —apunten el palíndromo— es una de las referencias (su primera en formato LP) más interesantes que han sido editadas en Euskal Herria en los últimos años. Un ruido preciso y orgánico; paisajes industriales y boscosos; un sonido honesto, arriesgado y vanguardista con un objetivo: desentrañar los intrincados vericuetos del ruido para convertirlos en forma de expresión total entre lo industrial, lo lisérgico y lo místico. Imprescindible.

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