Kvelertak – Nattesferd (2016)

por Álvaro Mortem

Kvelertak - Nattesferd (2016)En el pasado encontramos las raíces de lo que somos. Cualquiera que se pretenda vanguardista, único, desligado de cualquier forma de tradición, no sólo nos está intentando engañar, sino que primariamente se está engañando a sí mismo; nadie es ajeno al trabajo de sus ancestros, porque en ellos está el germen de toda posibilidad futura. Bajo ese paradigma, es lógico guardarles respeto. El problema es cuando se confunde el respeto con la pleitesía, haciendo al maestro incriticable —como, de hecho, lo parece el rock clásico—, provocando, de ese modo, que la forma de legitimidad más rápida para cualquier artista sea asumir como propias fórmulas hoy caducas. No encontrar su poética, sino copiar la ya aceptada.

Nattesferd es lo que ocurre cuando se busca la legitimidad desde la apología del pasado. Informe, extraño, apenas sí cohesionado, es un trabajo al cual le costaría respirar de no haber sido porque nació, ya de entrada, conectado al respirador artificial: lo único que mantiene cierta coherencia interna es su línea de batería, la cual le permite mantenerse dentro de su estilo propio más próximo al black metal de aires post-hardcore que tan bien ha funcionado los últimos años. En todo lo demás, Nattesferd es el hijo bastardo de mil y un padres. Con composiciones demasiado en deuda con Black Sabbath, Judas Priest o, dios nos coja confesados porque esta es la referencia más palpable durante todo el disco, Van Halen, toda la personalidad que hubieran demostrado en sus anteriores trabajos queda aquí completamente diluida.

Apropiándose un rock con claros problemas geriátricos, todo lo que hacen es llevar canciones clásicas al lugar común de la versión extrema AKA con una (mala) patina de black metal de canciones clásicas. Con el crimen añadido de que ni siquiera son versiones, sino composiciones concebidas desde cero como actos de fagotización del espíritu de ese rock que hace ya mucho que dejó de existir en los acordes de los jóvenes.

Eso no significa que sea sorprendente. Kvelertak jamás han definido su música en términos ortodoxos, preocupándose más por conceder un ambiente festivo a su música que en darle cualquier forma de coherencia al conjunto, pero ahí radica su principal problema: Nattesferd funcionaría como acumulación de singles, de derivaciones cuasipop de los originales, pero nada más que eso. Y si bien eso funcionaba en sus dos anteriores discos, incluso si en el caso de Meir esa interpretación debería considerarse muy relativa, donde conseguían formular una personalidad propia dentro de su particular joie de vivre, Nattesferd se antoja un monstruo abotargado, deforme y no demasiado inteligente, más un intento de conjugar una amalgama de estilos que no casan entre sí en mor de hacer historia del rock a través de la historia del rock que de hacer, en sí mismo, algo que pudiera considerarse una aportación a su historia.

Habiendo formulado semejante tragedia, resulta difícil defender Nattesferd si no es desde la ironía o desde una retromania desnortada. Algo legítimo, considerando el estado actual de la crítica musical. En cualquier caso, eso no resulta suficiente: al pasado siempre podremos volver, pero si el presente no inventa nada nuevo no habrá futuro en el que podamos volver al presente que en algún momento también deberá ser historia.

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