Grave Miasma – Endless Pilgrimage (2016)

por Xabier Cortés

a1683895326_10El sonido plúmbeo e intenso del death metal siempre ha sido acusado de inmovilista. Lo que para el profano es una amalgamasin cohesión ni variación posible de sonidos guturales, riffs antiaéreos y baterías sonando a la velocidad a luz, para el connoisseur se convierte en una explosión de estímulos y matices a cada cual más excitante: si un esquimal es capaz de diferenciar cientos de tipos de blancos diferentes, el deathmetalero comprometido es capaz de encontrar cientos de detalles allá donde algunos solamente ven una oscuridad formada por un muro de sonido infranqueable más cercano a una distorsión cocafónica que a una obra musical. El death metal, como mucho del metal extremo —no todo, matizo— no es amigable, ni siquiera nos busca ni nos necesita; se expresa con la violencia y no deja más allá que un rastro de vísceras y cuerpos calcinados, sin mirar atrás y sin piedad: será nuestra labor encontrar un camino entre la maraña de violencia sonora a la que estamos exponiendo nuestros sentidos. Con su reciente EP, Endless Pilgrimage, los británicos Grave Miasma nos dan una serie de pautas con las que seremos capaces de ver las tripas a lo que el death metal puede hacer en este 2016.

Si ya con su debut —en forma de larga duración, antes vendrían otros dos EPs Exalted Emanation y Real Of Evoked Doom—, Odori SepulcrorumGrave Miasma sacudiera los sólidos cimientos de la escena death internacional, con este nuevo mini álbum —adelanto del que, esperamos, sea un nuevo larga duración— son capaces de retorcer hasta convertir en una masa heterogénea propia el sonido clásico del death metal al que más de uno creía muerto y enterrado (no pun intended). Este cuarteto británico nos arroja sobre un sonido que va más allá de la velocidad ultrasónica propia del death; recrean a nuestro alrededor una atmósfera pesada e insalubre, nos escupen desesperanza y sumisión, nos invitan a rendirnos ante una oscuridad espesa y orgánica a la que nos iremos entregando sin remisión ni posibilidad de redención. El sonido brumoso á la Immolation, los punteos técnicos y precisos con ese aroma tan ochentero y a los que Chuck Schuldiner seguro que levantaría la ceja en señal de aprobación y una atmósfera opresiva que nos acompañará a lo largo de los apenas treinta minutos de ese particular peregrinaje señalan a Grave Miasma como uno de los proyectos más interesantes (e importantes, al tiempo) de todo este entramado que llamamos La Cosa Extrema® y que va más allá del death metal, el black metal, el doom y demás ramificaciones.

Lo que presenta en este mini álbum este combo británico no sólo demuestra una visión exacta y brillante de cómo es el death metal de escuela clásica en pleno siglo XXI, también refleja una realidad a la que, desgraciadamente, no muchas bandas pueden adherirse: se puede desarrollar un artefacto musical con indiscutible poso clásico —bebiendo de las fuentes básicas del género— sin convertirlo en una colección de clichés vacíos y sin compromiso. Pero no os preocupéis que algunos seguirán manteniendo que el death metal es inmovilista y está abonado al sota-caballo-rey. Bienaventurados ellos.

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