Ihsahn – Arktis. (2016)

por Xabier Cortés

551528Para que un artista, sea de la disciplina que sea aunque en esta santa casa siempre tengamos especial estima a los implicados en la cosa musical, sea considerado como tal, podríamos considerar la casi) imprescindible cualidad de poseer un carácter explorador en pos de descubrir nuevos sonidos sobre los que desarrollar su narrativa. Este espíritu pionero y aventurero debe enfrentarse muchas veces —para qué engañarnos, casi siempre— a las reticencias de un público enrocado y acomodado en los sonidos ya explorados. Un público que se siente —sentimos, porque aquí no se libra nadie— traicionado o, cuanto menos, defraudado por el resultado de la inquietud del artista que muchas veces requerirá de saltos de fe, votos de confianza e incluso presunciones de inocencia antes de emitir un veredicto válido. Ihsahn no se ha librado de esta suerte de persecución; el haber sido uno de los estandartes —cuando no precursor— del black metal noruego de segunda ola con su más-grandes-que-la-vida Emperor no hace sino afinar la lupa con la que se miran los trabajos de una de las figuras más destacadas de la cosa extrema a nivel mundial.

No debería sorprenderos la deriva progresiva de Ihsahn: esta querencia por las composiciones proggies ya la pudimos disfrutar en Emperor —y no fueron pocos los que se echaron al cuello, nada nuevo bajo el sol metalero por otra parte—. Afortunadamente para nosotros este devenir progresivo, que en Ihsahn es el cimiento sobre el que se construye todo el sonido, no resulta tan desnortado como esa caída en barrena que se ha convertido Devin Townsend tras la disolución de Strapping Young Lad y sus posteriores trabajos en solitario —que nos dieron joyas a la vez que momentos bochornosos—, sí que es cierto que en este Arktis lo progresivo se nos muestra con un carácter y sonido más prototípico que en su anterior Eremita. Nos coge con el la guardia baja esos escarceos con el power metal con guturales —Mass Darkness podría ser uno de los temas descartados de un disco de Children Of Bodom circa 2003— aunque somos capaces de recobrar la compostura con los devaneos á la Shining —los buenos, no los liderados por el irritante Niklas Kvarforth—. Y este continuo zozobrar entre géneros es quizás uno de los mayores peros que se le pueden colgar a este nuevo trabajo de Ihsahn: guitarras con demasiados guiños al power meta-guitar hero-masturbamástiles —resuena el nombre de Pagan’s Mind cada vez que Ihsahn da rienda suelta a su rollo shred— en los solos y con esa contundencia sin terminar de desbocarse propia del metal de nuevo cuño que parece no querer —o saber— entregarse a los riffs densos, afilados ni a los ritmos salvajes.

¿Significa esto que Arktis es un mal disco? En absoluto. Es cierto que hundiremos nuestros pies en el fango powermetalero, pero Ihsahn lo compensa con algunas composiciones brillantes: ahí está la frenética y orquestal Pressure o ese extraño híbrido entre jazz-metal-prog-pop que es Crooked Red Line (y que probablemente sea uno de los momentos más interesantes del disco) o ese crescendo maravilloso titulado Celestial Violence. Ihsahn continua navegando por las peligrosas aguas del progresivo buscando —y encontrando— las piezas que le faltan para completar su puzle, ahora sólo nos queda desear que esas pinceladas powermetaleras que encontramos aquí sean los callejones sin salida que le inviten a proseguir su exploración por derroteros más vanguardistas o, por lo menos, arriesgados.

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