Jambinai – Différance (2012/2017)

por Álvaro Mortem

Existen artistas que desafían toda categorización. Hacen música tan personal, tan desconectada de la experiencia común, que pretender usar etiquetas con ellos resulta absurdo. Si es que no insultante. A fin de cuentas, ¿es posible definir aquello que va más allá de todo lo que conocemos?

Lo anterior puede sonar pretencioso. Incluso absurdo. Pero es normal ponerse filosóficos para hablar de Jambinai

Mezclando folk coreano con la parte más salvaje del post-rock, heredada de las mismas licencias ruidistas de grupos como Mono, todas sus canciones parecen invitaciones a la melancolía, la meditación o la introspección. Si es que no todo ello al mismo tiempo. Pero la cosa no acaba ahí. No cuando el nombre de su primer disco, publicado en 2012 pero reeditado este mismo año, invita a la reflexión filosófica.

¿Por qué? Porque différance, o diferancia, es un término acuñado por Jacques Derrida para designar aquellos conceptos o acontecimientos que desbordan los límites del significado. Que no pueden ser explicados enteramente a través de término alguno.

Algo perfecto para hablar de Jambinai.

No por nada, Différance no permite ser comprimido en ninguna clase de categorización. Por laxa que esta fuera.

Es post-rock, pero su peso recae sobre una instrumentación ajena al género. Es folk, pero no por ello es menos contemporáneo. Es un grupo de vocación ruidista, como demuestra abrir el disco con Time of Extinction, pero también explora la sutilidad que hay detrás de esa tormenta perfecta, como ocurre en ese precioso cierre que es Connection.

Todo está conectado. Pero ni siquiera podemos decir que lo esté por contraposición. Es sólo que cada parte trasciende contradicciones o sumas, definiendo una personalidad propia que no tiene nombre. Que es una diferancia.

O que lo sería de no tener un término apropiado para denominarlo.

Jambinai, en su primer disco, ya eran todo lo Jambinai que se puede ser. Y ahí comenzó y terminó differance: en el hecho de desbordar todo sentido para dárselo a sí mismos. Para ser otra cosa. No post-rock. No folk. Sólo Jambinai.

Y como nos demuestran en esta reedición, nunca han necesitado ser nada más que ser ellos. Porque así, ya son imprescindibles.

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