Phonotek – Red Moon (2017)

por Xabier Cortés

¿Qué buscamos en el dark ambient cuando lo invocamos? ¿Qué mecanismos necesitamos activar cuando él, el dark ambient, se manifiesta ante nosotros? Dejemos de lado y olvidémonos del manido y ridículo claim marketingiano que lo describe como la supuesta banda sonora del infierno/pesadilla/bla bla bla. No. El dark ambient tiene como objetivo saltarse nuestros mecanismos de defensa. Punto. Nos invita a fijarnos en esa parcela del cerebro escondida —y oscura, por supuesto— a la que no somos capaces de enfrentarnos. ¿Por qué se encuentra tan cómodo aquí? Porque no solamente apunta a ese rincón escondido de la psique humana; también se alimenta de ella. Los sonidos se retuercen adoptando formas desconocidas, se asimilan estímulos externos para explotarlos y convertirlos en eje y fundamente de un sonido denso, en ocasiones, ligero y cristalino, otras, pero siempre con un tono frío y distante de la experimentación. Porque es ahí, en la experimentación, donde reside el verdadero núcleo de las atmósferas tensas y paisajes nebulosos: en la obsesión por lo desconocido y el espíritu aventurero necesario para descubrirlo. Phonotek aprovecha su segunda referencia —bajo el paraguas de Cryo Chamber con todo lo (bueno) que eso conlleva—, Red Moon, para explorar, experimentar y, sobre todo, sugerirnos un dark ambient siempre denso, pausado y, como ya lo hacía en su anterior Lost In Fog, brillante.

Red Moon sigue apostando por las mismas premisas que convirtieron su debut en uno de los lanzamientos más destacables del año pasado: espíritu apocalíptico, ambientes abandonados y cero esperanza. Pero, al contrario de lo que sucedía en su debut, parece que afina y acierta en encontrar un camino por el que desarrollar su sonido. Ese dark ambient mínimo ha dado paso a un ambient más decantado por la vertiente noir, con elementos jazz que lo hacen más humano, menos artificial, pero que desde luego completan y complementan a la perfección esa clara visión desolada que nos presenta Phonotek aquí. Porque lo visual adquiere fuerza en el dark ambient y se manifiesta nada más arrancar Yellow Forest —composición en la que colabora Keosz y que abre el disco— y que se va desarrollando a lo largo del resto de las ocho composiciones del álbum, incluyendo otro mano a mano: esta vez junto a Cities Last Broadcast que añade esas maravillosas texturas siniestras al conjunto. Esas imágenes que se van repitiendo en nuestra memoria conforme avanza el álbum son las que lo convierten en un disco total de dark ambient. Se presentan estancias abandonadas, paredes destrozadas, escombros y pura desolación. Unas imágenes que se van distorsionando a medida que las capas sonoras de Phonotek se amontonan y nos convierte en simples marionetas. Esa oscuridad decadente del saxofón —que lo mismo nos recuerda a Bohren and der club of Gore que a los gallegos Trajedesaliva— se mimetiza con las cuerdas y grabaciones de campo construyendo un complejo entramado brumoso y absolutamente imprescindible.

Phonotek ha conseguido en Red Moon asentar las cimientos que ya empezaran a fraguar en su debut, puliendo detalles, añadiendo capas y, sobre todo, encontrando un camino a explorar en el que seguir desarrollando su particular idea del dark ambient. Y si para ello ha tenido que hacer uno de los discos de dark ambient más brillantes de los últimos años, pues se dice y no pasa nada.

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