Archive for junio, 2017

junio 30, 2017

Algiers – The Underside Of Power (2017)

por Xabier Cortés

Existe un interés tóxico en defender que un artefacto artístico no debe ser político porque perdería su estatus atemporal. Porque el arte está por encima de la política. Porque ya sabemos que las personas responsables de esos hechos artísticos son entes etéreos ajenos a todo y a todos. Resulta curioso que esa trinchera que defiende semejante barbaridad, el carácter aséptico del arte, sea la que después se alinea con el status quo mientras continua vomitando ese falso discurso sobre la no-conexión entre política y arte. Ocurre que cuando un solista/banda/grupo/orquesta/loquesea se posiciona claramente en una supuesta —y equivocada, como estamos viendo aquí— postura apolítica no hace más que posicionarse como un artista político al servicio de las élites. Actitud que se balancea entre la ignorancia y lo miserable: creemos pensar que es la primera, pero sabemos que se trata de lo segundo. Sorpresa.

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junio 28, 2017

Dj Shadow – The Private Press (2002)

por Álvaro Mortem

Ciertos discos sólo se pueden comprender con perspectiva. Cuando se ve cómo han marcado el paso del tiempo, cómo dejaron atrás su época adelantándose a un futuro incierto, es entonces cuando se puede afirmar su verdadero alcance. A fin de cuentas, todo lo demás es especulación. El éxito o el fracaso de un disco es circunstancial. Y su capacidad para seguir siendo relevante diez o quince años después algo que sólo el paso del tiempo puede atestiguar.

A pesar de que The Private Press fue un terremoto en su momento, la crítica cultural no ha celebrado su reciente quince cumpleaños. Y no es de extrañar. Sigue siendo hoy un disco tan extraño como en 2002.

Devolviendo el sampler al uso vanguardista, saqueando de todos los contenidos sonoros creados por el hombre, Dj Shadow crea en este disco una narrativa articulada a través del propio proceso de su montaje. En otras palabras, su discurso no es lo que dice con palabras, sino lo que dice con sonidos. Por cómo los manipula, los pone orden y nos hace valorarlos como un todo completamente desfigurado y recompuesto. No como piezas sueltas, sino como un todo coherente en su conjunto.

Por eso es tan problemático el disco. Es imposible hablar de él canción a canción. Del mismo modo que cada una de sus composiciones se comprende sólo como la suma de sus samplers, ya que cada cada uno de ellos por separados o bien no tienen valor musical o bien parecen no ir en consonancia con el estilo musical del californiano, The Private Press sólo se comprende cuando lo valoramos en conjunto.

No como si fuera una consecución de estampas, sino como si fuera un enorme cuadro en movimiento.

A partir de ese momento es cuando comprendemos su valor. Qué ha aportado al mundo. Cuando nos dejamos empapar por la música, viendo cómo manipula todo para crear pasajes, desvíos e historias, cómo deja que el paisaje hable entre canción y canción, incluso, para rematar el chiste, cómo quiebra en dos algo que podría ser la misma canción, pero en su espejamiento convierte a la composición en un asalto estético a mano armada —Mongrel/ y …Meets His Maker—, entendemos la razón por la cual no se ha celebrado su aniversario. Porque es imposible. Es una obra de arte viva, monstruosa e imposible de aprehender de un artista aún en constante evolución.

Sería como celebrar el aniversario de una agresión. Una particularmente incómoda, con botellas rotas, sangre por todas partes y algunos otros fluidos de los cuales es mejor no hablar demasiado.

Más por decoro que por el hecho de que pueda importunar a nadie.

Pero incluso si queremos hablar de lo estrictamente musical, todo queda igualmente agresivo. Oscilando entre un estilo más heredero del reggae y los sonidos caribeños en general que del hip-hop más ortodoxo, cuando no nos está pidiendo que nos pongamos a dar saltos de un lado a otro de la pista Dj Shadow está componiendo baladas clásicas o composiciones rayano el pop, aunque siempre con esa patina irreverente, personal y absolutamente inimitable.

Por eso nadie lo ha reivindicado quince años después. The Private Press no conecta con ningún otro trabajo posterior. No de forma evidente. Para explicar su genialidad a través del tiempo habría que demostrar que fue uno de los puntos de inflexión del hip-hop instrumental: el momento en que dejó de ser algo aferrado a la lógica necesaria del cantante para pasar a ser un objeto valioso por sí mismo. Un ejercicio de vanguardia. Todo ello sin dejar de ser, en ningún momento, accesible para cualquiera que haga el esfuerzo de acercarse hasta él.

No hay noticia en «cumple quince años un disco que ha ayudado a erosionar los límites entre el pop y la vanguardia». No hay reivindicación posible en «cumple quince años un disco que manda a tomar por culo al crítico medio y su incapacidad para hilar dos pensamientos propios al escuchar un disco». No la hay. No puede haberla.

Pero Dj Shadow es tan importante hoy como hace quince años. Y eso nos dice el paso del tiempo. Que The Private Press, tanto hoy como ayer, es una obra maestra indiscutible.

junio 24, 2017

Taxidermias Concretas Vol.8

por Xabier Cortés

Álvaro Arbonés

Chinese Football – Here comes a new challenger! (2017)

Chinese Football siguen siendo la versión marca blanca de American Football. Y no hay nada de malo en ello. Here comes a new challenger! continúa con su emo encantadoramente anacrónico, su apabullante precisión técnica y su encantador enfoque vía letras en chino. Si además sumamos el (excelente) devaneo por un post-rock muy bien medido en Awaking Daydream, el resultado es el que cabría esperar: una perita en dulce para el fan medio del emo. Ese género olvidado.

Chelsea Wolfe – 16 Psyche (2017)

16 Psyche es crudo. Oscuro. Como si alguien, en mitad de la noche, se metiera en tu cuarto, te agarra de pies y manos, y te aporreara de forma constante sin permitirte reaccionar. Pero también ocurriría algo diferente. Algo sensual. Erótico. Descubrir algo cálido y juguetón en ese aporrear, algo que, más allá del dolor, quiere hacerte disfrutar de la experiencia. Y cuando se va, y se acaba, deseas secretamente que cuando vuelvas a dormirte vuelvan a despertarte esos garrotazos.

Xabier Cortés

Progenie Terrestre Pura – oltreLuna (2017)

Es posible que hayan pasado cuatro años desde el debut de estos italianos y que este periodo de descanso se haya debido a los numerosos cambios de formación que han experimentado, pero por aquello de no salirnos del universo (no pun intented) creado por estos locos del sci-fi meets black metal diremos que estaban hibernando en cápsulas de criogenización esperando la llegada de [inserte aquí la amenaza universal estándar]. Lo que sí consiguen Progenie Terrestre Pura —además de tener un nombre que no llamaría la atención en la escena neofolk— es marcarse un black metal de corte moderno/experimental/espacial con detalles doom, y algo de folk muy bien traído. Vamos, un YAY como una galaxia de grande.

10000 Russos – 10000 Russos (2015)

Porque ya no es ningún secreto que en esta santa casa somos devotos del motorik. Y porque desde Portugal vienen 10000 Russos con la cadencia 4/4 monótona y lisérgica para llevarnos de viaje ácido-psicotrópico a bordo de la máquina del kraut en el que recorren los desolados alrededores de una ciudad y un país periférico. Canciones cinceladas en hormigón y brutalismo, bien marcadas por el motorik y soportadas por sintes cósmicos que ni en sus mejores viajes psicotrópicos. Porque en este álbum homónimo el ácido y la realidad se confunden y se convierten en un todo inseparable. Brillante. Muy brillante.

junio 23, 2017

King Woman – Created In The Image Of Suffering (2017)

por Xabier Cortés

La música como vehículo redentor o, si lo prefieren. Las canciones como forma única de purgar los demonios internos. Porque parte de la música se nutre de experiencias, de errores vitales —y suponemos que de algún acierto también, aunque no nos consta—, de mentes rotas y de sentimientos perdidos. Porque de la frustración, del miedo y de la opresión se puede construir un detallado relato de composiciones en las que verter ira, pasión e incluso perdón. La imagen del artista —compositor e intérprete— abriendo su pecho en canal para expulsar sus pecados —en el sentido más amplio de la palabra— y hacer que, de alguna forma extraña y casi mágica, nosotros, simples oyentes, nos sintamos parte de ese ritual de redención. Porque es ahí, precisamente, en ese instante en el que conectamos con la música en el que ésta se realiza y se termina de completar. Y es esto mismo lo que sucede con el LP —tras un EP brillante— debut de King Woman, aka Kristina Esfandiari manda y no tu panda, Created In The Image Of Suffering.

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junio 20, 2017

Aristophanes – Humans Become Machines (2017)

por Álvaro Mortem

Si algo bueno ha traído Internet es romper el pequeño caparazón que suponen los medios de producción nacionales. Al crear un sistema de comunicación global cuyo uso es (relativamente) intuitivo y no dependiente (enteramente) del lenguaje, es fácil encontrar alternativas al discurso hegemónico presente en cada lugar. En otras palabras, quien se conforma con escuchar lo que ponen en su radio de referencia, es porque no tiene ningún interés de salir de su pequeña burbuja de lugares comunes.

Aristophanes hubiera sido imposible antes de la aparición de Internet. Eso es obvio para cualquiera. Taiwanesa, rapera, feminista y profesora de escritura creativa, sus bases ácidas y sus fraseos agresivos y poéticos fueron descubiertos a occidente cuando, buceando por SoundCloud, Grimes la encontró y decidió contar con ella para la canción más interesante de Art Angels, Scream. Por eso estamos hoy aquí. Porque gracias a esa colaboración ha podido firmar Humans Become Machines, un disco con pretensión global.

Nada de eso quita ni un ápice de originalidad al disco. Pero tampoco de dificultad. Con un estilo agresivo, oscuro y difícil de asimilar en una primera escucha, Aristophanes nos obliga a horadar sus canciones para comprender dónde reside su encanto. Pero cuando lo hacemos, encontramos recompensa.

Ya sea en los descarnados ritmos acompasados de Dream of Caves, el brutal ascenso hacia el grime en 3001: A Space Disco o el alucinado viaje lisérgico con tintes pop de Queen In The Wonderland, todo suena como la versión malévola de un cuento de hadas intencionalmente distorsionado y sangriento. Algo a lo que ayudan tanto sus letras, cargadas de simbolismos, como sus vocales, siempre más cerca de hacer trizas los versos en un escupitajo malintencionado que de rapear en el sentido más ortodoxo del término. Porque ahí reside su encanto. En cómo lleva el rap hacia un territorio rayano la pesadilla, mucho más cerca del sonido del trap japonés que del pop marca blanca estadounidense. Incluso si en último término a lo que más se parece es a la sucia e indefendible (para el crítico nacido antes de mediado de los 80’s) estética cut-up que favorece toda una vida de Internet, anime y literatura de vanguardia.

Pero nada de eso quita que tenga sus momentos cuestionables. Fly to the Moon y, especialmente, Birth of a Prayer, son composiciones pastelosas, injustificables en el contexto del disco, versiones apenas sí ligeramente intervenidas del típico éxito radiofórmulas concebido desde la mente de una docena de productores. Pero si obviamos ese traspiés, el resto del disco no sólo es disfrutable, sino excelente.

El problema es que ese traspiés puede marcar su futuro. Que, dado el éxito que está cosechando, Aristophanes se convierta en la nueva Grimes. Otro producto industrial, de canciones perfectamente calculadas, que pierda todo su encanto por el camino.

Ese es el otro peligro de Internet. Que igual que nos da con una mano la posibilidad de conocer lo que ocurre incluso en el lugar más ignoto del mundo, también sirve para estandarizar y borrar todas las posibles barreras que intente imponer el underground para protegerse de un mainstream voraz y asesino. Pero incluso si Aristophanes eligiera el peor camino posible para su música, aún nos quedaría el recuerdo de que en Humans Become Machine firmo un sobresaliente ejercicio de estilo.

junio 17, 2017

Taxidermias Concretas Vol.7

por Álvaro Mortem

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junio 14, 2017

Ryan Adams – 1989 (2015)

por Álvaro Mortem

El pop industrial americano es una perfecta pieza de diseño. Literalmente. Hacen falta dos docenas de letristas, compositores y técnicos de sonidos para conseguir que cada canción suene exactamente como debe sonar. Y si bien eso deja poco o ningún sitio para la personalidad, el alma o cualquier forma de arte, no es eso para lo que sirve el pop. El pop (industrial) atiende a condiciones comerciales. Al algoritmo del gusto medio. Y o se cumple o no tiene propósito.

1989 es una obra de diseño industrial. Hecho para lucimiento de Taylor Swift, para encajar con su personalidad de chica dulce y cercana, pero con un punto peligroso, que te gustaría que fuera tu mejor amiga o la chica a la que arropas cuando llega borracha a casa trastabillando torpemente, sus canciones son tan exactas como efímeras. Cuando se acaban, cuando dejamos de escucharlas después de haber pasado un tiempo determinado, es imposible recordar absolutamente nada de las mismas. Son un ruido de fondo. Pop almibarado. Perfectos hits de radioformula, generadores de premios anuales, que carecen de la persistencia o la identidad que podría lograr la música real: anidar en el corazón de quien la escuche y no dejar hueco para el siguiente subproducto industrial.

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junio 10, 2017

Taxidermias Concretas Vol.6

por Álvaro Mortem

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junio 9, 2017

The Great old Ones – EOD: A Tale Of Dark Legacy (2017)

por Xabier Cortés

¡Ay, Lovecraft de mis entretentáculos! Si nos ponemos a escarbar en la inmensa colección de artefactos —musicales o no, pero nos centraremos en los primeros— que beben directa o tangencialmente de los relatos y imaginario del autor de Providence, es posible que alcancemos profundidades cósmicas nunca antes exploradas. El horror cósmico como fuente y referencia es algo que en esto de la Cosa Metálica® se ve y se admira, porque si algo tiene el universo y la mitología creada por Lovecraft es que sus ansias de expansión no conocen límites y a cada iteración y a cada quiebro nos podemos encontrar sumergidos de lleno en la compleja arquitectura de R’lyeh. Además, qué mejor fuente de inspiración para una ensalada de riffs y los sonidos inhumanos que un horror tan absolutamente gigantesco que ni siquiera podemos ponerle forma. O sí. Los franceses The Great Old Ones se nutren de ese rico universo lovecraftiano para construir su propia narrativa oscura y desarrollar, de paso, nuevas fronteras entre lo terrenal y lo supernatural en su último trabajo, EOD: A Tale Of Dark Legacy.

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junio 7, 2017

Leon – Bird World (2017)

por Álvaro Mortem

La música de videojuego nunca pasa de moda. Aunque surgió como una moda en apariencia efímera, el chiptune parece ser tan eterno como las tonadillas que imitan: aquello que era una limitación por pura necesidad coyuntural, se ha convertido en una forma estética. Y al igual que el pixel art va cobrando cada vez más fuerza, el chiptune le acompaña en paralelo.

Con todo, esta moda no está exenta de problemas. Lo interesante de los videojuegos de los 80’s y 90’s no eran sus limitaciones. Era cómo las aprovechaban. A fin de cuentas, ¿qué músico, de haber tenido la posibilidad, no hubiera utilizado mejores recursos?

Leon ha entendido eso. Que imitar las limitaciones de la época es absurdo. Si es que no directamente insultante. Por extensión, ha decidido tomar un camino diferente, desviándose sutilmente de lo que hacen el grueso de músicos que toman como inspiración los videojuegos de su infancia: decide recrear la banda sonora de un videojuego que nunca existió, pero pudo haber existido. Algo para lo cual, lejos de asumir el camino de la nostalgia formal, decide tomar el camino contrario. Asume un proceso de vanguardia. Y es ahí donde encontramos el grueso de sus herramientas conceptuales. Samplers, orquestación y más que evidentes influencias del sonido electrónico nipón de los últimos años.

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