Taxidermias Concretas Vol.6

por Álvaro Mortem

Álvaro Arbonés

Cigarettes After Sex – Cigarettes After Sex (2017)

Llegó la hora. Tras un buen puñado de EP’s Cigarettes After Sex levantan la liebre. Y su disco homónimo es como sus adelantos: suave, narcótico, elegante. Ese post-punk revival tan apegado a la época como al sabor de la nicotina en la garganta. A la saliva en la boca. Al sexo donde sea que lo haya habido. A nostalgia. A algo conocido. Y como tal entra bien. Como telón de fondo; como decorado de otras acciones. Porque eso son Cigarettes After Sex un telón de fondo. Algo que empieza y se agota en cada escucha.

Placebo – Sleeping With Ghosts (2003)

Punk, etéreo, elegante. Placebo cuando aún eran Placebo eran un dechado de contradicciones. Y Sleeping With Ghosts fue su último gran disco. Rápido, furioso, pero también dulce y cercano. Aquí no hay sitio para nostalgia. Se rompe la habitación, se rompen los tímpanos, pero también se arrulla y se hacen proclamas políticas. Todo con un elegante tono pop. Todo sin dejar de ser oscuro, luminoso, brutal, cariñoso; contradictorio. Un disco que no se agota. Un disco a recordar cuando hablamos de más de esos melosos nostálgicos.

Xabier Cortés

Rebuig – Mort i Futur (2016)

Muerte y futuro. Por ese orden. Porque Rebuig trae en este Mort i Futur una noticia maravillosa para todos nosotros: la esperanza ha muerto y hay que tomar las armas. Bajo el paraguas —un paraguas negro, destartalado y deshaciéndose por culpa de la lluvia ácida, pero paraguas al fin y al cabo— de un sludge sucio con vetas de punk/hardcore, algún que otro guiño al stoner más lisérgico y mala hostia para exportar a uno de esos exoplanetas descubiertos por la NASA, este cuarteto catalán sitúa el punto de mira —metafórico, señor Fiscal— en todos esos estamentos podridos de un sistema condenado a morir bajo la poética figura de una guillotina en la plaza mayor. O de una tonelada de napalm por vía aérea que es, precisamente, como se siente este álbum: directo, destructivo y absolutamente maravilloso.

Violet Cold – Anomie (2017)

La enésima iteración del llamado blackgaze, esta vez desde Azerbaiyán y de la mano de Violet Cold no esconde sus referencias —en parte porque sería imposible hacerlo— y tampoco se molesta en camuflar las costuras que asoman a los pocos segundos de arrancar Anomie. Pero tampoco es necesario que lo haga porque si bien el blackgaze ha conseguido saturar —en cierta medida, ya sabemos cómo se las gasta la cosa metálica y sus infinitas ramificaciones—, este Anomie se sube al tren y, aunque no significa una vuelta de tuerca al género, sí se toma la molestia en cuidar la composición y construir un relato interesante, un relato que se deja querer en esas pinceladas folkies y postrock aquí y allá que dotan de coherencia al álbum y consiguen, en un loco giro de los acontecimientos, que veamos Anomie como un acercamiento sincero y honesto a los principios básicos de esa extraña —pero deliciosa— pareja formada por el black metal y el shoegaze.

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