Archspire – The Lucid Collective (2014)

por Xabier Cortés

¿Existe un punto en el que el metal extremo sea extremadamente técnico sin que por ello caiga en el innecesario ejercicio masturbatorio de rigor? Sí, existe. Más o menos. Pero vayamos más allá: Cuando exploramos las revueltas aguas del tech death metal y esa fría, a priori, maraña de doble bombo a la velocidad inhumana, sweep picking endiablado, riffs hipersónicos (con una puntuación de 9,75 en la escala-de-vaya-usté-a-saber-qué), voces disparadas a mach 3 y un bajo de esos que abren grietas en el tejido espacio-temporal se presentan ante nosotros, no es simplemente un extraordinario despliegue técnico y ya. No. Esa velocidad que guía las composiciones no obedece más que al genuino carácter inhumano de un género denostado y, sobre todo, malinterpretado. Inhumano porque ¿acaso hay algo que nos aleje más de la Humanidad —en general— que exprimir los límites de lo Humano en términos de, una vez más, destreza técnica y velocidad inhumana—repetiremos lo de inhumana las veces que haga falta, descuiden— en forma de canciones directas y sin serpentinas ni fuegos artificiales innecesarios? Pues no, no lo hay. Y resulta que Archspire son capaces de llevar esta fórmula con obsesiva devoción hasta sus últimas consecuencias en su segundo álbum, The Lucid Collective.

The Lucid Collective empieza con la misma fiereza con la que se desarrolla: rápido. No hay descanso en sus apenas treinta y cinco minutos porque, no nos engañemos, no creo que el oído —ni el cerebro, ni el cuerpo— humano esté preparado para asimilar más de media hora de semejante estallido sónico sin sufrir algún tipo de secuencia mental y física irreversible. Aún tratándose de un ejercicio técnico en toda regla, el álbum nos permite adentrarnos en una capa que trasciende la puramente humano para trasladarnos a un estadio entre lo artificial y lo extraterrestre: ese poderío técnico llevado al extremo (no pun intended) como muestra de un  carácter alejado de todo atisbo de Lo Humano; esa velocidad como manifiesto de su propia naturaleza despojada de toda humanidad. No cabe duda de que la técnica no tiene secreto alguno para estos canadienses y que ese es precisamente el caramelo que nos lleva hasta ellos: no sabemos si es esa velocidad inhumana (otra vez), o esas voces disparadas con la urgencia de una ametralladora Gatling con ansia de sangre, pero sabemos que en realidad es todo ese conjunto llevado con precisión quirúrgica el que nos lleva a sumergirnos de lleno en el particular universo de Archspire. No resulta ningún secreto el respeto y admiración que (deben) sentir los miembros de Archspire por bandas como Spawn Of Possesion —algún momento hay que navega en el mismo plano espacial que el Incurso de los suecos—,   Origin (cómo no) e incluso algo de Cattle Decapitation, pero Archspire ha conseguido de alguna manera construir un discurso propio bien asentándose en la precisión de las doscientas millones de notas por segundo —dato no verificado— que son capaces de tocar.

Por supuesto que la potencia —velocidad en nuestro caso— sin control, no sirve de nada y The Lucid Collective mantiene la tensión acotando ese despliegue sonoro en un metraje comedido apto para su digestión humana. Porque puede que el carácter inhumano del álbum esté ahí, pero somos nosotros, oh simples humanos, los que debemos ser capaces de asimilar estos ocho pasos hacia la iluminación. O bien rompernos el cuello con la tremenda colección de guitarrazos y doble-bombo-antiaéreo. Al gusto del consumidor.

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