Judas Priest – Screaming For Vengeance (1982)

por Xabier Cortés

Lo bueno de esa perspectiva que nos da el tiempo es poder recapacitar sobre la trascendencia y la relevancia de ciertos artefactos culturales-musicales una vez han pasado los años, los géneros han ido y han venido y la vida ha dado más vueltas de las que a uno le hubiera gustado. Sucede en ocasiones que el paso del tiempo convierte ese hecho cultural en algo anecdótico que aún celebrándolo como algo relevante, nos escudamos en la nostalgia para defender sus virtudes sin ir más allá. Pero resulta que sí hay álbumes que mantienen —cuando no aumentan— su relevancia con el paso de los años. Aquellos que se convierten en clásicos inmortales como sucede con Screaming For Vengeance de Judas Priest. Porque los 35 años que acaba de cumplir no debería más que afianzarnos en una postura clara: es el disco que establece un nexo entre ese protoheavy que se venía haciendo a finales de los setenta con esa futura tendencia llenaestadios de los ochenta. Punto.

35 años no son nada para un álbum —y un grupo, para qué negarlo— que ayudó a definir un género gracias, entre otros, a haber sido capaces de componer la que es sin duda alguna (y con el permiso del Aces High de Iron Maiden) la mejor introducción de un disco de heavy metal de la historia: ese combo inquebrantable The Hellion/The Electric Eye. A partir de ahí todo es historia del heavy metal grabada en correoso acero de Brimingham. Guitarras afiladas a la velocidad de Satán ejecutadas por una de las duplas guitarrera más icónicas de la historia de la música y cuyos delirios frenéticos a las seis cuerdas encuentran sosiego en una sólida base rítmica, hierática, que no destaca y tampoco sobresale, pero sin la cual ese sonido característico de Judas Priest no existiría. Todo esto, por supuesto, como telón de fondo para La Voz del Metal God en persona. Porque pocos elementos definen tanto a un género como la voz aguda de Rob Halford desatada en Screaming For Vengeance. Precisa y alcanzando octavas inhumanas solo al alcance de unos elegidos. Y no, lo de Metal God no es gratuito.

Un álbum que se situaba ante el complicado escenario que había dejado su anterior Point Of Entry: un disco concebido con un espíritu más (demasiado) hard rock con la idea de penetrar el mercado estadounidense  —idea de su discográfica, por supuesto— que lo alejaba de eso heavy metal crudo y afilado del British Steel con el que reventaron la banca en 1980. Aunque tampoco dejaban muy de lado esa faceta hard rock aquí: (Take This) Chains demostraba que se podía hacer hard rock manteniendo esa esencia puramente heavy metal. Decíamos que el escenario frente a los Judas de 1982 era complicado y Screaming For Vengeance suponía enderezar un rumbo que si bien no se había perdido (demasiado) sí que necesitaba de ese heavy metal/proto speed metal que había convertido a este quinteto en uno de los más emblemáticos de la escena metálica internacional. Y porque a nadie —nadie— le sentaban tan bien los trajes de cuero, cadenas y tachuelas como a los Judas de principios de los ochenta.

A la sombra de British Steel y Painkiller, Screaming For Vengeance ha sabido hacerse un hueco entre esos discos imprescindibles para comprender el heavy metal a base de canciones demoledoras, precisión técnica y, por supuesto, ser una colección de himnos atemporales que marcaron, marcan y seguro marcarán a un montón de generaciones de metalheads. Casi nada.

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