Cornelius – Yellow Mellow (2017)

por Álvaro Mortem

Cornelius es vanguardia. Es pop. Es un subidón de azúcar, un parque de atracciones, un museo del futuro dedicado a la música más extraña del mundo. Japonés, productor, hombre en las sombras. Inventó el shibuya-kei, lo llaman «el Beck japonés», pero ni así hemos comenzado a atisbar quién narices es Cornelius.

Mellow Waves es el paradigma de la música de Cornelius. Pop, con clara deriva ambient escorando hacia la electrónica —y cuando decimos electrónica, decimos electrónica pura; aquella que se vanagloria de su propia condición incorporea—, en una primera escucha es posible catalogarlo como un genial disco de pop de ribetes ambientales. Y salvo por los pequeños arpegios disonantes y la voz como cansada del propio Cornelius, sería fácil decir que es sólo eso. Indie pop occidental llevado más lejos de lo que ningún artistucho lánguido y tristón sería capaz de llegar. Pero nada más que eso. Nada especial. Nada revolucionario.

Y nos equivocaríamos.

A Cornelius se le debe escuchar con atención. Sólo entonces es posible ver que se esconde tras su aparente sencillez: capas de sonidos perfectamente hilvanadas. Tantos detalles tan bien engarzados que, con la distancia de la escucha casual, es imposible notarlos.

Porque esto es pop. O shibuya-kei, si queremos ser etimológicamente exactos. Pero eso no quita para que la atención al detalle sobrepase por mucho al producto industrial prefabricado al que hoy llamamos pop. Algo que puede apreciarse con facilidad en la triada de canciones que abren Mellow Waves.

If You’re Here, que ejerce también el papel de primer single, es una composición delicada, casi ambient, que apuesta todo en los contrapuntos de una melodía huidiza que juega al escondite en un desarrollo que parece condenado a estallar, pero no hacerlo nunca. Porque ahí radica su encanto. Cuando parece que va a estallar, que nos conducirá a un estribillo, Cornelius corta en seco, con un estallido de sonido de fondo, retorciendo la melodía en una nueva forma, pero sin llevarnos al estribillo. Como si toda la canción fuera un puente eterno. Sin fin. En el cual quedarnos a vivir en sus anti-pop seis minutos. Y cuando parece que ya nunca estallará tras cuatro minutos, el milagro. El sólo de contrapuntos, melodía y, de nuevo, otro recrudecimiento del puente. Porque If You’re Here es una suposición. Si tú estás aquí. Tal vez no lo estés. Y el estribillo, si es que ese es «tú», podría estar. Pero no está.

Nadie dijo que la música debería ser lo que estás esperando.

Por contraposición, sí encontramos lo que cabría esperar en Sometime / Someplace. Tras un comienzo lento, un segundo golpe más rápido. Más ortodoxo. Y aquí encontramos porqué lo llaman el Beck japonés: por su sonido por su énfasis en el bajo, en la distorsión y una guitarra que sólo atestigua su presencia para hacer ruido. Pero si bien tiene un tono más vivo, volvemos sobre lo mismo. Progreso constante, inciso de ruido, para acabar en un golpe seco. Para el final de la canción.

Dear Future Person, para acabar, es el cierre conceptual de esta trinidad ejemplarizante. Y de nuevo, el peso recae en el bajo. No parece tener los detalles de If You’re Here, pero es más rápida que Sometime / Someplace. Y entonces todo hace clic. Esos arpegios. Esas fugas. Ese olvidarse del estribillo. Si no hay estribillo, es porque el estribillo ocurre sin que nos demos cuenta: lo importante es la progresión. Cómo se van sumando los elementos, de forma delicada, hasta hacer un sólo pulso de fuerza en sus últimos momentos, hilvanando todos los gestos producidos hasta ahora. No como una melodía completa de principio a fin, sino una que se va construyendo con el paso del tiempo, se va volviendo más compleja, repite sus elementos simbólicos más importantes y tras la catarsis, se corta en seco. Como si la música no intentara inducir sentimientos, sino contarnos una historia que fuera ganando en detalles e intensidad.

Cornelius no ha hecho un disco de pop. Ha escrito una novela con música. No ha intentado replicar las repeticiones de la poesía, herencia de la necesidad antigua de memorizar cientos, miles o innumerables versos, sino replicar el fluir de la novela: todo suma, todo se dirige hacia el futuro.

Pero no hace falta nada externo para comprenderlo.

Puede tomar formas más puras, como el ambient de Surfing On Mind Wave Pt. 2 (cuya primera parte no existe), o puede retomar el discurso de sus proyectos pasados, como es el caso de Mellow Yellow Feel (que se siente como una segunda parte de ただのともだち de salyu x salyu), pero no es importante porque ahí está todo. En cada una de las canciones. Compendios de sí mismos, pero también detalles que hilvanan un todo fascinante, esperpéntico e inagotable a lo cual llamamos Mellow Yellow.

Algo que explica lo que es Cornelius. Sea lo que sea.

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