Taxidermias Concretas Vol13.

por Xabier Cortés

Álvaro Arbonés

Wednesday Campanella – Superman (2017)

Wednesday Campanella nunca decepcionan. Con su idiosincrático rap por bandera, siguen haciendo lo que mejor saben: bases electrónicas que te animan a salir a la pista de baile combinadas con estructuras pop y letras vibrantes. Superman hace del contrapunto una forma de arte, del cada vez ir a más una joya y del hecho de no conseguir que nos cansemos jamás del sonido de Wednesday Campanella una realidad. Porque pocos grupos más divertidos a la par que sólidos se pueden encontrar hoy en día.

Tera Melos – Don’t Say I Know (2017)

A Tera Melos hay que escucharlos drogado. Con las dosis suficientes de THC en sangre, su marasmo tecnicista de constantes rupturas de ritmo cobran algún sentido que podrían escaparse en un estado menos iluminado. A fin de cuentas, estos hijos nerd de The Mars Volta en Don’t Say I Know siguen a lo suyo: haciendo música marciana, que entiende accesible por tiene sonidos que no suenan del todo como el ángulo geométrico de un océano con respecto del infierno, y que así y con todo nos mola de la hostia. Porque, a fin de cuentas, nosotros también somos de otro planeta.

Xabier Cortés

Those Poor Bastards – Necrosphere (2016)

En esta santa casa el único calor que celebramos con desenfrenada alegría y necrodevoción es ese calor del western sucio; del redneck aislado en mitad de la nada alimentándose de rituales siniestros camuflados de fiesta fundamentalista cristiana, una obsesión delirante por la muerte, los zombies y demás seres demoniacos. Ese es el universo que Those Poor Bastards nos vomita en forma de un country negro, sucio, y con espíritu (podrido) goth convertido todo esto en un death country en avanzado estado de descomposición repleto de oscuras anécdotas y de un finísimo humor negro que nos encandilará desde la primera escucha y nos grabará un pentagrama en el pecho.

Grajo – Grajo (2016)

Resulta que Grajo nos demuestra que para viajar al espacio no necesitamos un cohete con un gritón de toneladas de combustible líquido atado al culo. Tampoco necesitamos consumir ciertos productos lisérgico-espirituosos para abandonar nuestro decrépito planeta y dejarnos llevar al vacío del espacio. No. Lo que necesitamos es del stoner/doom pesado y cósmico de esta banda cordobesa para descubrir que viajar al espacio se parece mucho a sumergir la cabeza en un pozo de alquitrán en forma de riffs gordos como cachalotes y con la voz de Liz guiándonos en este viaje ácido hacia los más oscuros secretos del cosmos.

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