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agosto 29, 2017

tilt-six – </TearDrop> (2014)

por Álvaro Mortem

Hasta el género más infecto tiene posibilidades creativas cuando se le buscan las cosquillas. Valga de ejemplo el EDM. Aunque base todo su encanto en el drop, las bases bailables y el saqueo indulgente de un grime que ni entiende ni busca entender, no es imposible concebir derivados interesantes de su fórmula. Ahí está Iglooghost. ¿Pero qué ocurriría si quisiéramos mantenernos dentro de cierta ortodoxia, digamos, estricta, y no perder el espíritu más pop por el camino? Entonces llegaríamos al trabajo de tilt-six.

</TearDrop> vive y muere para las pistas de baile. Con un gran énfasis en lo que podríamos denominar como un cruce profano entre el EDM y la ortodoxia del electropop nipón, lo que más sorprende es cómo su sonido cuadra igualmente bien en la idea de una sesión de electrónica pasada de rosca como en cualquier celebración pop con deferencia hacia lo no-occidental. Porque ahí radica la cuestión. Todo el peso del trabajo de tilt-six radica en Hatsune Miku. En cómo utiliza su voz, su distintivo pop no-exactamente-uniformado, para introducir en las rutinas de lo que podríamos considerar una canción clásica de Miku —algo catchy, bastante adorable y pegadiza en extremo— unas lógicas que, incluso más cerca del EDM, podríamos considerar como derivadas directamente de esa misma herencia inglesa que nos habría de retrotraer hasta esa gran familia conocida como jungle.

En cualquier caso, donde más se nota este reencuentro fortuito con el pasado no es en sus singles. Temas como Electrosaturator (エレクトロサチュレイタ) son pequeñas piezas de orfebrería del subidón de Monster a las tres de la mañana en un festival de espíritu insultantemente adolescente, pero donde mejor se aprecia el estilo de tilt-six es en canciones como Hikareru Satellite (ヒカレルサテライト). Pervirtiendo la estricta lógica del EDM, poniendo mayor énfasis en el estribillo que en el inevitable drop que aquí también encontramos en consecuencia, es precisamente en esa combinación profana de pop energético y cuestionable wobble bass donde se aprecia su genialidad: cada caída sólo sirve para impulsar con todavía más fuerza el regreso al estribillo y un cierre melódico, generalmente más próximo a lo que consideraríamos el canon trance impuesto por los Países Bajos post-Gouryella. Algo que se aprecia incluso en sus canciones en apariencia menos ortodoxas, como es el caso de Forget (わすれる), donde, tras el procedente drop, la canción se transforma en un elegante monstruo cuasi-rock conducido por bajo no-distorsionado y percusión seca que, por su absoluta anormalidad, hace que la canción resulte particularmente fulgurante.

Tilt-six es un ejemplo práctico de cómo otro EDM es posible. Que más allá de drops genéricos, wobble bass de tercera regional y un desprecio hacia la música analógica que no viene acompañada de la maestría en la elección de materiales o la manipulación de los mismos, es posible hacer algo bueno incluso en géneros que parecen nacidos del puro desprecio hacia todo lo que les precedió. Si es que no también a quienes estuvieron antes definiendo la posibilidad de su sonido.

Y es que, si ese otro EDM pasa por Hatsune Miku, por las influencias rock o por aceptar de una vez la influencia debida a otra época, es otro debate. Pero que </TearDrop> es interesante sin por ello abandonar sus aspiraciones de masas es algo incontestable.

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