Four Tet – New Energy (2017)

por Álvaro Mortem

Four Tet lleva media vida con nosotros. Y aunque nunca ha sido ni tan conocido como Boards of Canada o tan prolífico como Aphex Twin, es el único egresado del IDM que ha mantenido cierta consistencia, tanto estilística como temporal, en lo que a su producción se refiere. Lento, pero seguro, ha ido sacando un disco cada dos años desde que empezamos el milenio. Manteniéndose en esa agradable segunda fila donde puede subir en cualquier momento de categoría para colaborar con lo más granado de la escena anglosajona.

New Energy es consecuencia de esa tímida hoja de ruta. Siguiendo con un IDM escorando hacia el ambient rayano el trabajo de Aphex Twin, sus mejores momentos llegan cuando recuerda su influencia trip-hop para hacer una seca combinación de atmósferas cercanas al new age con un dominio absoluto de la percusión. Algo que se hace notar especialmente en el desarrollo armónico de canciones como Lush o SW9 9SL, donde ya sea desde el IDM puro o cierta deferencia más próxima al techno, nos invita a mover los petetes rítmicamente mientras cabeceamos al son de unas canciones que parecen pensadas más para la escucha íntima que para la contundencia propia de la pista de baile.

¿Significa eso que Four Tet ha caído, tras su aparente deriva clubber, en el campo del hilo de ascensor? Ni mucho menos. Sigue abonado a la convicción IDM. A componer canciones en apariencia sencillas, pero creadas para un oyente atento que horada con delicadeza una y otra vez el disco.

Donde mejor se nota eso es en aquellas canciones que podrían parecer más desprovistas de detalle. Mejor asentadas dentro de cierto canon reconocible. Scientists, que bien podría ser la versión optimista de un single desconocido de Burial, o Daughter, donde se arranca con un rescate sólo en apariencia ortodoxo de su vena trip-hop, juegan con las voces femeninas, las estructuras del pop y elementos reconocibles dentro de su propia carrera para jugar al despiste, componiendo canciones memorables, sencillas, digeribles para cualquier oyente casual, pero que ocultan una profundidad armónica pensada sólo para el connoisseur.

Al final Four Tet nos da exactamente aquello que cabía esperar. Una referencia sólida, repleta de detalles, donde si bien sigue siendo él mismo, no tiene problemas en seguir avanzando a ciegas en esa senda oscura que es el «un disco cada dos años, vuestras mandíbulas al suelo cada veinticuatro meses». Algo a lo que si bien podríamos echarle en falta más vueltas de tuerca, no seremos nosotros quienes le hagamos ascos.

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