Taxidermias Concretas Vol.23

por Xabier Cortés

Álvaro Arbonés

Beck – Colors (2017)

Beck ha vuelto. Y si bien no en forma de chapas, sí en forma de tío enrollado. Lejos del folk, del experimento o el pop marciano, Colors suena directo. Comercial. Hasta que, acumuladas un puñado de pequeñas hostias, nos percatamos de algo. Que ahí sigue Beck. Haciendo lo que parece pop de tintes electro del que gusta a la juventud, todo para seguir haciendo lo suyo. Ribetes de rock tan desquiciado como su autor. Exactamente lo que esperamos de Beck.

Hot Chip – I Feel Better (2010)

Hot Chip corren el riesgo de pasar a la historia como un one hit wonder. Y no seremos nosotros quien enmendemos ese error. I Feel Better sigue siendo hoy tan brillante como en su momento igual que la discografía posterior de Hot Chip sigue siendo tan deudora de ella como lo es desde Flutes. Algo que se hace aún más patente al regresar sobre el EP y comprobar como todas las versiones y remixes aniquilan completamente el encanto de la original. A fin de cuentas, ¿qué es la perfección sino un sistema de equilibrio tan perfecto que es imposible de replicar sin destruirlo?

Xabier Cortés

Nervosa – Agony (2016)

El thrash metal tiene que sonar como si te estuvieran sacando los dientes uno a uno con unos alicates: violento, impío y sin dejar nada vivo a su paso. Herederas de ese thrash antiaéreo con los pies anclados en los ochenta, pero con la mirada puesta en el siglo XXI, este trío brasileiro es capaz de condensar en apenas cincuenta minutos más calidad y más mala hostia que esos grupos que se autodenominan thrash, pero no deja de ser groove metal (un poco) acelerado. Frenético, veloz, vibrante y directo. Nervosa ha encendido la llama del thrash ochentero. Y lo ha hecho no con un mechero; con un bombardeo de napalm.

Sons Of Apollo – Psychotic Sypmhony (2017)

El enésimo proyecto de Mike Portnoy tras su salida/expulsión/dramita de Dream Theater. ¿Alguien recuerda su colaboración con la boyband metalera por excelencia? Y menos mal. En este nuevo supergrupo progresivo—incluyendo a Jeff Scott Soto, Ron ThalDerek Sherinian y al sempiterno Billy Sheehan,— suena exactamente como te imaginas: desvaríos instrumentales a gusto del consumidor, momentos de lucimiento para todos y cada uno de los músicos aquí presentes y algún que otro momento inspirado. Momentos inspirados que, como ocurre con Signs Of Time, suenan al hijo no reconocido salido de una relación efímera entre los Dream Theater menos cansinos y  los Sypmhony X del The Odyssey. Un disco que se puede escuchar, con momentos buenos —que no brillantes— y poco más. A menos que seas un ultraproggiefan, en cuyo caso bien harás en aferrarte al rollo de papel higiénico porque Sons Of Apollo te va hacer sudar.

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